¿QUIÉN ESTÁ RESOLVIENDO ESTA CRISIS?

Como un cometa que cada diez años roza el planeta, una nueva crisis social y económica de amenazante peligrosidad vuelve a sacudir a los argentinos. Pero esta vez con ciertas peculiaridades políticas. Por un lado, tenemos a una alianza electoral que decidió poner en la vicepresidencia a su figura más poderosa y en la presidencia a su imagen más débil. Por otro lado, el presidente se empeña en no tomar decisiones y la vicepresidenta, desde un lugar de oposición, decide desplegar todo su poder de daño para mellar y aislar la figura presidencial.

Así las cosas, si el presidente no toma decisiones y la vicepresidenta actúa como opositora, la pregunta es ¿quién se está ocupando de resolver esta crisis?

El sistema político argentino se constituyó en base a una figura presidencial fuerte. Así lo había propuesto Juan B. Alberdi (uno de los padres de nuestro constitucionalismo), que en sus Bases sostenía que “en la energía del poder del Presidente [estaban] las garantías públicas al orden y a la paz”, y luego invoca a Simón Bolívar para citar un dicho que considera profundo y espiritual: “Los nuevos Estados de América necesitan reyes con el nombre de presidentes”.

La autoridad del presidente entonces era garantía del funcionamiento del estado. Sin embargo, la tendencia hacia el personalismo y autoritarismo que le imprimieron el orden conservador en el siglo XIX y luego las dictaduras militares en el siglo XX, forzaron a encontrar límites al presidencialismo (fundamentalmente en la reforma constitucional de 1994) Quien repase el artículo 99 de la Constitución notará que en cada una de las atribuciones del presidente hay un condicionamiento de alguna otra institución del estado.

Estas limitaciones a las facultades presidenciales nos dan la pauta de que las garantías del funcionamiento del estado están en otras instituciones estatales como el Congreso, la Jefatura de Gabinete, la Corte Suprema o el Consejo de la Magistratura. Que, actualmente, por funcionar mal o no funcionar o no cumplir con su cometido, deja librado aL estado a una situación de desgobierno que no solo contribuye, sino que ayuda a crear la crisis que vivimos.

Se insiste en la alianza gobernante, especialmente en el sector que lidera la vicepresidenta, que todo buen y exitoso gobierno depende de un “estado presente”. Sobre esta fórmula fácilmente se podrían llenar bibliotecas con opiniones y posiciones al respecto. Pero en lo que en este artículo interesa tenemos que preguntarnos si ese “estado presente” tiene en sus planes la necesidad de un funcionamiento de sus instituciones, de modo tal que el presidente solo cumpla con su rol de avalar con su firma y voluntad las decisiones de gobierno.

Alberdi pretendía que sobre las cuestiones de fondo el presidente actúe como un monarca, porque sabía que en una Argentina en formación solo la autoridad del ejecutivo era capaz de darle funcionamiento al Estado. Para Alberdi entonces la personalidad y subjetividad de la persona del presidente es decisiva, el resto eran cuestiones de forma. Una mirada opuesta y más atendible a un estado en funcionamiento, es la que expone Hegel, para quien en el ejecutivo “lo único que se necesita es un hombre que diga “sí” y ponga los puntos sobre las íes” y agrega que si se necesita de la personalidad e impronta del presidente (o monarca) entonces es porque “el estado no es un estado perfectamente desarrollado y no está bien construido”, en otras palabras: es un estado que no funciona.

Y llegamos al punto. No se trata solamente de que hay “funcionarios que no funcionan” (Cristina Sic), sino que hay un estado que no funciona y, por lo tanto, un presidente que no funciona. Y si el estado no funciona ¿de qué estado presente hablamos?

No queda claro finalmente qué pretende el Frente de Todos y, en especial, qué pretende la vicepresidenta Cristina Kirchner. Si lo que propone es volver a ejercer la presidencia y erigirse nuevamente como una presidenta que imponga su personalidad (como fue su estilo), no hace más que poner en evidencia que, como contrapartida, ejercerá en un estado que no funciona. Si como demostró, pretende erigir nuevamente a un presidente para que solo diga “sí”, en el marco de un estado que no funciona, solo profundizaremos la crisis que sufrimos.

Hemos llegado a la situación en que la clase política argentina no solo no tiene un proyecto nacional histórico para el país, sino que además no sabe ni entiende cómo poner en funcionamiento la maquinaria política estatal. Y esta falta de pericia es doblemente preocupante porque somete a los ciudadanos a un desgobierno que nos arrojó a la crisis actual y compromete seriamente la integridad, orden y seguridad nacional.

 Volviendo a la pregunta inicial: ¿Quién se está ocupando de resolver esta crisis?. La respuesta parece que, por ahora, ni el presidente, ni la vicepresidenta, ni el estado lo están haciendo.

Sergio Carciofi, julio de 2022