ESTADO Y MERCADO: EN LA COCINA HACEN FALTA HUEVOS

En el medio de la confusión y la crisis global que estamos viviendo probablemente desaparezcan algunas cosas, sin embargo hay dos instituciones modernas que subsistirán imperturbables, al menos por decenas de años más: El Estado y la Economía de Mercado.

Estado y Mercado, tal como los conocemos, se configuraron durante el siglo XIX con la conformación de los Estados Nacionales y la Revolución Industrial. En Argentina el Estado moderno se inició en 1862 con la presidencia de Bartolomé Mitre y fue diseñado y ajustado para adecuarse al ritmo del progreso que proponía el librecambio y los avances industriales. Como sentenció Juan Bautista Alberdi en 1852 al proponer su modelo de Estado argentino: “el progreso material […], los intereses económicos hoy son todo” (Alberdi, Bases)

El Estado ajustado al Mercado pronto colisionó con la demanda de derechos sociales y políticos que, primero Alem e Yrigoyen y después Perón, impusieron a fuerza de revoluciones (1890, 1905 y 1945). A partir de esas expresiones populares y de la crisis económica mundial de 1929, surgió la idea de un Estado benefactor que compense las desigualdades del Mercado mediante inversiones y controles sobre las variables de la economía (el keynesanismo fue la expresión más acabada)

Estado y Mercado se convirtieron en dos esferas de acción política

Así las cosas, las expresiones políticas no tardaron en acomodar sus ofertas electorales (incluyendo golpes de estado) a los intereses que pugnaban entre un Mercado libre de controles estatales y un Estado interventor sobre las variables de la economía.  En otras palabras, Estado y Mercado se convirtieron también en dos esferas de acción política.

Desde la vuelta de la democracia en 1983 toda la disputa política fue llevando al extremo ambas posturas hasta llegar a una polarización exasperante. Hoy el Frente de Todos tiene como consigna al Estado Presente y Juntos por el Cambio propone un Estado eficazmente ajustado al Mercado. Entre las expresiones más extremas de ambos bandos tenemos, por un lado, al gobernador Axel Kicillof, quien propone un Estado presente, solidario y protector, puesto que el Mercado todo lo distorsiona y, por otro lado, a Javier Milei quien propone absoluta libertad de mercado con un Estado mínimo: “No necesitamos que el Estado nos de una mano, necesitamos que nos saque las dos manos de encima” (Milei dixit)

Para el año próximo las ofertas electorales parecen posicionarse en extremos. En efecto las cuatro principales expresiones políticas se encuentran paradas en posturas irreconciliables: El Frente de Todos y la Izquierda Unida proponen Estado o nada y Juntos por el Cambio y Avanza Libertad proponen Mercado o nada.

La postura de estos cuatro partidos se adapta a la siguiente lógica: Al transformarse Estado y Mercado en esferas de acción política, entonces constituyen también el marco de acumulación de poder de cada partido. En el Estado la ocupación de cargos por medio del funcionariado y la administración de “la caja estatal” (ministerios, gobernaciones, municipios)  proporciona al Frente de Todos las herramientas de cohesión y captación de su electorado. De la misma manera el Frente de Izquierda, como administrador de planes y subsidios sociales proveídos por el Estado, también logra cohesión entre sus adherentes y seguidores. En la esfera del Mercado el financiamiento privado a Juntos por el Cambio y a Avanza Libertad le garantizan un amplio espectro de acción y acumulación política en todos los ámbitos de la vida económica empresarial (nucleados en cámaras agropecuarias, industriales y comerciales, como así también en consultoras de opinión y medios de comunicación).

¿Dónde quedó la representación política de la comunidad?

Entonces, si los partidos políticos no son más que expresiones de intereses afincados en el Estado y en el Mercado, ¿dónde quedó la representación política de la comunidad?

Llegado a este punto, y para dar cuenta de que esta aparente encerrona tiene salida, existe también una tercera esfera de acción política que los partidos han convenido disputarse entre sí, sin que aún hayan podido apropiarse totalmente: la esfera de lo Público. Es en la esfera de lo Público donde transita la vida misma, donde todos los días conviven los ciudadanos, es el ámbito de interacción común y también el lugar donde nacen, se expresan, deliberan y ejercen los derechos. El espacio público es el lugar olvidado por las disputas entre el Estado y Mercado porque sencillamente no lo representan. Solo, cada dos años, se zambullen a pescar votos y a profundizar sus posiciones extremas.

La confrontación entre Estado y Mercado tiene por objeto prevalecer y eliminar al otro, excluyendo en su disputa a la esfera de lo Público. Es la verdadera grieta. Pero se trata de una grieta inútil que condena al fracaso a los dos extremos porque, como dijimos desde el principio, Estado y Mercado son dos instituciones que, pase lo que pase, permanecerán por mucho tiempo más. Nada ni nadie en el mundo tiene en vista la posibilidad de un reemplazo al menos en el mediano plazo. Es decir, debemos convivir con el Estado y Mercado y, entonces, procurar un ensamble que solo hará posible la participación activa y deliberativa de la esfera de lo Público.

Una tortilla, una milanesa o masa para los fideos requiere siempre de huevos para unificar y amalgamar los ingredientes. Es necesario entonces un nuevo espacio político que vuelva a representar lo Público y que le de consistencia a un proyecto de país que ponga al Estado y al Mercado en armonía con los intereses de la comunidad. Comunidad que hoy reclama a gritos trabajo y producción para salir de la pobreza y reiniciar un nuevo ciclo de desarrollo y bienestar social. En definitiva, si aún seguimos empantanados en  esta vana y caprichosa grieta es solo porque en  la cocina de la política argentina nos están faltando huevos.

Sergio Carciofi (abril 2022)

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