UN 17 DE OCTUBRE SIN PUEBLO

El 17 de octubre de 1945 había sido convocado para el sábado 20, pero el pueblo salió el miércoles 17 sin oír ni obedecer organización ni convocatoria alguna. Perón estaba preso en Martín García y dirigentes sindicales, políticos y referentes discutían el modo de reclamar por su libertad. Como ahora, que se discute dónde hacer el acto conmemorativo de esta gesta peronista, y tampoco se ponen de acuerdo. Los dirigentes de hoy piensan en la manera de que los festejos del 17 puedan ayudar a revertir una elección que tratan de no dar como perdida, mientras el pueblo silencioso observa desde lejos, como si fuera un convidado de piedra, un invitado a una fiesta con desconocidos.

El 17 de octubre de 2021 será, quizá, el primer 17 de Octubre sin pueblo. Ese pueblo que no necesitó los dirigentes para salir a la calle ese día de 1945, esta vez parece que decidió solo observar. Perón supo entender esa espontaneidad popular y muchos recuerdan siempre que nos advirtió que el pueblo no espera ni se apura, porque cuando lo crea conveniente marchará igual “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.

José Pablo Feinmann, autor del extenso análisis sobre el peronismo que tituló: “Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina”, y también un tenaz defensor del peronismo en su versión kirchnerista, escribió en Página 12 del 3/10/2021 https://www.pagina12.com.ar/372284-peronismo-con-hambre-no-es-peronismo, que “el peronismo ha sido y es muchas cosas, de acuerdo. Su identidad es azarosa. Pero tiene algunos elementos axiales. Sin ellos no es lo que debe ser. Peronismo con hambre no es peronismo”. Sigo, leo y estudio hace muchos años al profesor Feinmann, y siempre se ha caracterizado por ser visceral y quirúrgico en sus miradas sobre la realidad que tenemos delante de los ojos y, también, a la vez comprometida (acaso sea su impronta sartreana) Y no me sorprende su observación, porque efectivamente el gobierno que se presentó, con Alberto Fernandez a la cabeza, como la vuelta de aquellos “días más felices”, no cumplió con esa promesa de esperanza, no se jugó, no transformó esta realidad social y económica aplastante y cruel. Hizo todo lo contrario, la profundizó.

El 50% del pueblo argentino es pobre, sufre 52% de inflación anual, 50% de trabajo en negro, 50% de deserción escolar, miles de sus jóvenes de 16 a 22 años en las calles sin futuro, tentados por el delito, con familias disfuncionales, padres sin trabajo. Ciento de miles de emprendimientos pequeños y Pymes en bancarrota, empresarios sin crédito y soportando impuestos cada vez más regresivos y confiscatorios. Los establecimientos educativos transformados en centros de asistencia social y más de un millón de planes sociales que desde hace quince años se van incrementando a medida que nos hundimos cada vez más. La clase media ya no es media, no llega a fin de mes, no puede pagar sus cuentas básicas, elementales para su existencia, y muchos ya pasaron a engrosar ese triste porcentaje de pobreza. Se tardará muchos años en recuperar este escandaloso desastre.

En los hechos el gobierno del Frente de Todos claudicó, no cumplió, como dice Feinmann arrugó, no se la jugó, se mimetizó en la experiencia macrista y solo estiró su continuidad. En los hechos, hay que decir claramente, el gobierno del Frente de Todos no solo no es de todos, sino tampoco es peronista. Podrán perderse entre el vacío de la querida simbología de esa histórica gesta peronista que lo cambió todo, pero su gestión no es peronista. Y no es peronista porque el 17 de octubre de 1945 puso en marcha el último gran proyecto de país que se concretó detrás de un pueblo que trabaja. Los derechos de los trabajadores crecieron a medida de que crecía la realización plena de los trabajadores. Estos años y este gobierno le quitó al pueblo la dignidad del trabajo y los condenó a planes de subsistencia.

Desde aquél octubre de 1945, que se extendió hasta 1955, nunca más hubo un proyecto de país realizado. Todo se fue desvaneciendo, diluyendo en crisis recurrentes que hoy nos coloca en un límite histórico, en el principio de un final que puede ser caótico. Los dirigentes políticos de los partidos mayoritarios y gobernantes no parecen darse cuenta. Pero el pueblo sí, esta vez no acepta participar de algo que no siente, sabe que sus días no son felices, sabe que lo que vive no es peronismo.

Este 17 de octubre de 2021 será sin pueblo. Y sin pueblo no hay nada que festejar.

Sergio Carciofi, 15/10/2021