¿Se rompe el Frente de Todos?

El Frente de Todos, que se conformó electoralmente para ganarle a Macri, comienza a mostrar disputas internas que “los analistas” anuncian y enuncian como confrontaciones insalvables que desnaturalizan y ponen en riesgo el gobierno de Alberto Fernández. Las diferencias de posiciones en cuestiones de políticas internacionales (cuestión Venezuela, por ejemplo), el rechazo en el Senado de la devolución en marzo del aumento del 5% dado por el Ejecutivo a los jubilados en diciembre, la abrupta vuelta atrás de los aumentos del 7% de las prepagas en marzo que obligó al gobierno a publicarlo y despublicarlo el mismo día del Boletín Oficial, la estatización de Vicentín y después la vuelta a mantener privada a esa empresa, el desaire del Senado al designado (Rafecas) por el Ejecutivo para el cargo de Procurador General de la Nación, la carta de Cristina Kirchner que pide reemplazar a los “funcionarios que no funcionan”, la quita de fondos nacionales a la Ciudad de Buenos Aires gobernada por el caratulado a viva voz por el Presidente como “mi amigo Rodríguez Larreta”, el pedido directo de un gran sector del Frente al Presidente para que indulte a los presos políticos, la disputa y desacuerdos respecto de la reforma sobre el Poder Judicial, el por ahora “lavado de manos” de La Cámpora respecto del pedido de los intendentes de la provincia de Buenos  de eliminar la prohibición de reelegir en 2023, la arremetida de Máximo Kirchner para encabezar en marzo el PJ de la provincia de Buenos Aires desplazando a los hombres fuertes del conurbano, el proyecto de Cristina para unificar el sistema de salud que puso en pie de guerra a la CGT y los sindicatos que administran sus obras sociales, son algunas de las comidillas que por estos días resuenan en medios y reuniones para sostener que el presidente Alberto Fernández gobierna bajo instrucciones de Cristina Kirchner, situación que tarde o temprano llevará a una ruptura del frente político gobernante, dándole, en el mejor de los casos, una posibilidad de triunfo a la desarmada oposición o, directamente, llevar otra vez al país al caos político del cual ya tuvimos una espeluznante experiencia en 2001.

¿Y si así no fuera? ¿Y si estamos en presencia de una nueva etapa de la práctica política donde las confrontaciones internas (que hasta ahora se leían desde la lógica que nos propone la promocionada “grieta”), dieron un paso superador en nuestra historia inaugurando una lógica política de los contrarios?

Las discordias y tensiones del Frente de Todos merecen ser leídas como una posibilidad de superación política

Hasta ahora la lógica de la “grieta” nos planteaba dos proyectos, dos miradas, dos culturas, dos países irreconciliables, hasta el punto en que Alfredo Cornejo,  ex gobernador de Mendoza y  jefe de la UCR, llegó a plantear la separación de su provincia de la Argentina. En cambio la lógica política de los contrarios nos propone, por definición, no solo algo distinto, sino algo superador: el encuentro de lo común (lo que Heráclito llamaban el logos: lo que hace posible un orden, una justicia y un destino)

Una práctica política de “lo común” nos incluye necesariamente a todos (de ahí que la denominación del frente como “de Todos” sea muy sugestivo) y en tanto nos incluya a todos nos arroja también a un juego de oposiciones. Dicho de otra forma, a un dinámica propia de tensiones que, por supuesto, incluyen desacuerdos, confrontaciones, discordias.

El momento histórico, marcado por la crisis económica global y la pandemia, exige ciertamente un proyecto de lo común. Nuestro sistema político, digamos desde 1983 a la fecha, ha oscilado entre extremos irreconciliables que llevaron sistemática y sucesivamente  a un gobierno a borrar todo lo que hizo el anterior, y judicializando la política hasta violentar sin miramientos las más elementales garantías constitucionales. Esto,  denominado “grieta”, destruyó e imposibilitó todo proyecto común para los ciudadanos de este país y nos llevó a desastres económicos y políticos cíclicos e inevitables.

Las discordias y tensiones del Frente de Todos merecen entonces ser leídas como una posibilidad de superación política, porque contienen un proyecto común, que puede ser el proyecto común del país. ¿Ideológicamente (y programáticamente) que tienen en común Cristina, Massa, Alberto, Rodríguez Saá, Schiaretti, Moyano, Daer, Grabois, Moreau, etc.? Tal vez no mucho, pero lo suficiente para cohesionar un ámbito propio de lo común, que no es poco.

Y, ¿qué es lo común? Ni más ni menos que lo que espera toda la comunidad. En lo urgente superar la pandemia y garantizarse cada uno los ingresos suficientes para enfrentar la crisis económica que nos tritura y, en lo inmediato comenzar a experimentar la senda de la prosperidad y realizaciones humanas plenas, para al fin cumplir con los sueños y anhelos que aún nos impulsan a creer que vale la pena transitar la vida.

Al gobierno del Frente de Todos les quedan tres largos años para gobernar la Argentina. Tiene, por un lado, la tarea ciclópea de enfrentar el desastre sanitario mundial y de sostener y ayudar a salir a los argentinos que todos los días caen en la desgracia de la exclusión y, por otro lado, también tiene la responsabilidad histórica de que esta frágil pero contundente propuesta de lo común se siga fortaleciendo a fuerza de discusiones, enfrentamientos y conflictos dentro de una dinámica propia de tensiones. La justicia es discordia, sostenía Heráclito. Pues bien, entonces, que esa discordia interna del Frente de Todos sea la realización definitiva de la justicia que merecemos.

SFCarciofi, enero 2021.