10 años sin Néstor

Llegó con Ella súbitamente a un país muerto sin que el pueblo se diera cuenta. Encontró hombres humillados por una mesa sin pan ante la mirada de sus hijos, ancianos con pasado y sin presente, lóbregos fondos repletos de monedas de oro sobrevolados por buitres, intereses con exorbitantes interesados, secuestradores (libres) torturadores (sueltos) asesinos (sin juzgar): bebés apropiados. Insistentes pañuelos blancos sin respuestas con madres que ya son abuelas, cortes y juzgados sin jueces, carnales pasivas relaciones con United State of America, lecops y patacones, banderas de remates en los campos llenos de soja, a Kosteki y Santillán moribundos en el piso, basura revuelta por cientos de cartoneros, colas de personas esperando la cena a las doce de la noche en las puertas de Mac Donalds, embajadas atestadas de jóvenes pidiendo visas de trabajo, nietos de inmigrantes tramitando la doble ciudadanía, fondos de jubilaciones y pensiones en fondos comunes de inversión, corralito financiero, mano de obra argentina calificada en España, cuadros de Videla y Bignone colgados en el colegio militar, gerentes de diarios y revistas trabajando de periodistas, “una idea de Carlos Ávila”, “que se vayan todos”, cacerolas abolladas y hasta la sangre, aún fresca, en la plaza de los muertos del 19 y 20 diciembre de 2001.

Junto a Ella Néstor cambió todo. Y fue para bien. Tuvo la voluntad de optar por el MERCOSUR y no por el ALCA, de desistir del yugo de los banqueros del FMI, de poner en práctica la asignación universal por hijo, de devolverle al estado los fondos de los jubilados y garantizarles dos aumentos anuales. También para promover el juicio y castigo a los terroristas de estado y no usar el aparato represivo estatal para acallar los disensos y las reivindicaciones sociales. Generó las condiciones para una Corte Suprema de Justicia -que no sea nada más ni nada menos que eso-, estatizó el Correo Argentino y la aerolínea de bandera, hasta presidió el UNASUR y le dio contenido con sólo un par de actuaciones. Y tantos logros más que, como dice Sarmiento, lo llevaron a ocupar, siempre junto a Ella, “las cien trompetas de la fama con el ruido de sus hechos”.

Ambivalente ser es esa diosa mítica, Fenomenal mujer: la Política; Miguel Cantilo.

Tanto ruido basta para no creer todo lo que se escribió a horas de su muerte, en referencia a lo difícil que sería sostener el  gobierno de Cristina y lo peor que será seguir sin Néstor. También sobra para no creer las asépticas referencias de los políticos de la oposición y sus falsas condolencias. Los hechos que hablan por él hizo que no les creamos a los malos, que son los mismos que pintaron maldades en las paredes cuando se moría Evita. No hicimos caso a los silencios y a los consejos interesados, tampoco nos importaron las preocupaciones de los agoreros de siempre. Lloramos la pérdida del líder con toda la fuerza humana del llanto y, junto a Ella, festejamos un país con un pueblo que siguió apoyando el proyecto nacional y popular en la figura de Cristina.

Néstor hace diez años se fue súbitamente como llegó, pero se fue de un país vivo con todo un pueblo lleno de esperanza que enarbolará su nombre siempre. Hoy lo recordamos y recordamos ese tiempo, su tiempo, en que muchos argentinos volvimos a creer. Y lo hacemos en el medio de una nueva crisis que volveremos a superar con Ella, porque con Ella continuamos, con Ella nos vencieron y con Ella volvimos porque aprendimos que solamente con Ella es posible un país mejor. Néstor ya no está físicamente entre nosotros pero de regalo nos dejó a Ella, a esa fenomenal mujer: LA POLÍTICA.

SFC