EL 17 DE OCTUBRE

El peronista de a pie el 17 de octubre vive un día de alegría. Amanece con una sonrisa y a quien se le cruce le desea un feliz día. Pone la marcha y la canta, la baila y la vuelve a cantar y bailar. Sale a la calle a encontrarse con los demás a celebrar el sol radiante del 17. Grita ¡Viva Perón! con una sonrisa y levanta los dos brazos con la V bien en alto hasta sentir que los dedos parecen soltarse para tocar otros dedos en V. Entre la muchedumbre el peronista se mezcla entre compañeras, compañeros, con amigos, familiares y se sube arriba de los techos de los camiones, de los autos, de las casas. Agita banderas, se disfraza de Evita, de Perón. Pinta, escribe, saca fotos, toca el bombo, baila, canta, come choripán, toma Coca, vino, cerveza. Se ríe y festeja las ocurrencias de sus compañeros que deciden usar un acoplado de camión para hacer una parrilla enorme llena de chorizos y saca fotos, se filma lo reenvía a sus amigos gorilas que se ven obligados a saludarlo por whatsapp porque lo ven feliz, y el peronista lo agradece con un Viva Perón. Se compra con dos mangos una bandera, una remera, un tapaboca con la cara de Perón, Evita, Néstor, Cristina, Alberto y vuelve a ver y escuchar en una pantalla gigante los discursos de Perón remasterizados por la sinfonía de Leonardo Favio. Los dirigentes organizaron algo, dan un discurso, el peronista los escucha saltando, cantando, bailando y no le importa si está adelante, atrás, en el medio o el costado: está feliz. Y se da cuenta que es feliz y le viene un nudo en la garganta y mira a un compañero y le dice: qué lindo es ser peronista, no? Y le contestan que es lo mejor que hay y que los días más felices siempre fueron peronistas y se abraza y grita otra vez y hasta la afonía ¡Viva Perón carajo!

El 17 de octubre el pueblo peronista se burla de la astucia de la razón.

El 17 de octubre los peronistas de a pie borran todas las diferencias. Se olvidan de las broncas, de los padecimientos, de las dificultades de la época torva que les tocó vivir. Por ese día, como canta Joan Manuel, “el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. El peronista mira a sus pares, a sus iguales, a sus compañerxs con la alegría de saber que en ese momento son felices porque es 17 y porque es peronista. El peronista mira al cielo y le agradece a Dios y a su abuelo que está en el cielo por hacerlo peronista. Es el día en que el pueblo peronista se burla de la astucia de la razón. Cada 17 de octubre la pasión del 17 de octubre histórico se revela intacta al punto que podríamos decir que todos los 17 de octubre, los setenta y cinco 17 de octubres, son siempre uno. El 17 de octubre el peronismo es pasión en carne y hueso en las calles. Es el pueblo espontáneo, visceral sin artimañas ni engaños que feliz ocupa las calles con la alegría de ser parte de una identidad que lo emociona hasta el llanto.

El 17 de octubre es el día en que hace su aparición y se dejan ver las entrañas de la argentinidad.

El 17 de octubre de 1945 había sido convocado para el sábado 20, pero el pueblo salió el miércoles 17 sin oír ni obedecer organización ni convocatoria alguna. Y todos los 17 de octubres en Argentina, y hasta en cualquier lugar del mundo donde haya un solo peronista, se cumple con la misma ceremonia. Estamos ante un hecho que se repite y repetirá siempre hasta el fin de los tiempos. El 17 de octubre es el día en que hace su aparición y se dejan ver las entrañas de la argentinidad, el espíritu del ser nacional, la causa y razón de ser de todo proyecto político.

Cada 17 de octubre los peronistas volvemos a ser niñas y niños inocentes, bondadosos y crédulos. Y abrimos la puerta trasera de la patria para salir jugar con la alegría y la esperanza de ser felices al menos por un día. Cuando llega la noche los peronistas volvemos a casa agradecidos de haber vivido un día maravilloso. Pero, ¿cómo explicarlo? Es algo que se siente y a quienes lamentablemente no lo sienten solo les queda intentar comprenderlo o no.

SFC/17Oct2020