¿QUÉ NOS ESPERA DESPUÉS DE LA PESTE?

Si miramos las grandes pestes que precedieron a la pandemia de Covid-19, podemos visualizar que en las características centrales de cada sociedad del momento, ya se preanunciaban algunos factores que marcaron lo que vino después.

La Peste Negra del siglo XIV mató al 60% de la población de Europa. Una sociedad que se había urbanizado como consecuencia de la expansión comercial iniciada desde antes del siglo XII y que tuvo su máximo momento con la conquista de América en 1492. A raíz de ese movimiento expansivo fue que la pulga transmisora de la bacteria que portaban las ratas, fue metiéndose en las casas urbanas, en los graneros de los campos y también en los barcos que diseminaron la peste bubónica por todo el continente. El predominio de una cultura eclesiástica y subordinada a dogmas que atribuyó la enfermedad a diversos castigos divinos, alejó toda posibilidad de encontrar una solución a la peste, cuyas causas fueron recién descubiertas en el siglo XIX. Este oscurantismo, luego de la peste, generó movimientos que desembocaron en lo que ahora todos conocemos como Renacimiento, un momento de avance científico, artístico, económico y político que terminó por poner a la humanidad en la modernidad.

La Peste Negra del siglo XIV mató al 60% de la población y la Peste Española alrededor de 50 millones de personas y preanunciaron lo que vino después.

La Peste Española, fue una gripe que ahora se conoce como un virus de la influenza del subtipo H1N1, y que impactó entre los años 1918-1920 y mató alrededor de 50 millones de personas. Nadie sabe hoy cómo se generó, y se llamó Española porque en ese país fue donde más gente falleció por la enfermedad (en Argentina marcó una época: Recomiendo la película La Madre María, protagonizada por Tita Merello) La humanidad venía de vivir la Gran Guerra Mundial (1914-1918) y los avances científicos y tecnológicos iniciados por la Revolución Industrial ya tomaban un ritmo vertiginoso. La aviación, por ejemplo, pasó de planeadores y dirigibles a aviones impulsados por turbinas usados ya en la Segunda Guerra Mundial, que fueron la base de los cohetes que pusieron al hombre en la Luna.

Lo que llaman nueva normalidad, significa más crisis económica y ambiental, y  más hiperconexión, control y dependencia virtual.

El Coronavirus apareció de un día para otro en una sociedad global e hipercontectada física y virtualmente. La primera consecuencia fue la suspensión de la conexión física: los transportes aéreos y de todo tipo dejaron de funcionar, se cerraron las fronteras, los barrios y las familias quedaron confinadas en sus casas. Hoy la única defensa posible es el aislamiento físico, nada de reuniones. Sí mucha distancia, barbijos y alcohol en gel. La ciencia y la tecnología, que despertó en el Renacimiento, y que se instaló vertiginosamente en el siglo XX, pronto nos dará la vacuna, aunque, como en las pestes anteriores, los contemporáneos no sabremos nunca cuál fue su origen. Esta pandemia llegó a una sociedad económicamente en crisis terminal y con su medioambiente seriamente amenazado. La pobreza, la segregación racial y las guerras por la apropiación de los recursos naturales, que generó millones de desplazados sin patria, son un problema creciente y sin aparente solución. El trabajo, puesto en el centro de la vida por la Revolución Industrial, fue reemplazado por la capacidad del dinero de generarse valor a sí mismo, condenando al mundo a ser víctimas de fantasmales obligaciones financieras (hoy el mundo adeuda cinco veces lo que es capaz de producir). Paralelamente, se acelera la interconexión virtual: Antes de la pandemia, quienes no estaban conectados a internet, deberán conectarse. Los que estaban parcialmente conectados, deberán conectarse completamente. Nada relacionado con la vida quedará afuera de las redes virtuales (Zoom, Whatsapp, Google, Twitter, Amazon, Mercado Libre, Instagram, Facebook, Tinder, Pornhub, plataformas empresariales, legales, comerciales, blogs, portales de noticias, Spotify, Netflix y apps muchos apps y más de lo imaginable)  Y en esta nueva dimensión de la vida se consolidarán nuevas formas de control sobre las conciencias y los cuerpos: el Big Data que teledirige tu opinión, preferencias, lo que deseas y lo que odias, sumado a múltiples plataformas de transmisión y entrecruzamiento masivos de datos, no dejarán que nada de lo que seas o sepas quede fuera del voraz centro de acumulación y control de información que es internet.

Se dice que después de la peste nos espera una nueva normalidad, la cual tendrá mucho que ver con la profundización de lo que nos tocó en época: Es decir,  más crisis económica y ambiental y  más hiperconexión, control y dependencia virtual. Pero el futuro tiene la virtud de ser tan incierto como la capacidad humana de modificar las cosas. Es decir, esta funesta nueva normalidad puede ser evitable. Como dijo el querido Roger Waters: “¡Volver a la normalidad no es una opción! Tenemos que volver a algo que sea mucho mejor que antes de la aparición de ese virus, que nos mostró lo asquerosa que es la normalidad”.

SC 12/8/20