Santiago de Liniers y la toma de la Bastilla

Un 14 de julio pero de 1789, se dio inicio a la Revolución Francesa con la toma de La Bastilla, un viejo castillo medieval que por esos años servía a la monarquía de prisión.

A raíz de ese hecho, por estas tierras el virrey Arredondo recibió la orden de retener “estampas, papeles, impresos o manuscritos” que difundieran la revolución francesa; y el alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga, instruyó procesos contra los franceses que difundieron las ideas revolucionarias.

Pero solo se encontraron unos pocos papeles que había traído un tal Santiago de Liniers.

El mismo Liniers que luego fue héroe de la resistencia en las invasiones inglesas, que fue designado virrey y que terminó fusilado el 26 de agosto de 1810 por orden de la Primera Junta, que no le perdonó haber participado de grupos contrarrevolucionarios.

Pobre don Santiago, acá primero lo persiguieron por tener papeles revolucionarios de su país, y después lo terminaron fusilando acusado de traidor por las ideas de su país.

La verdad es que Liniers siempre fue un leal solado de la monarquía española y por eso finalmente fue reconocido, al punto de que sus restos yacen hoy gloriosos en el Panteón de los muertos ilustres de San Carlos, Cádiz, España.

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