PSICOLOGÍA y CUARENTENA ¿Qué dicen los psicólogos?

De un día para otro, sin previo aviso ni sospecha, la humanidad se encontró encerrada, aislada, asilada en sus casas y barrios, en cuarentena. La aparición intempestiva del COVID-19, un coronavirus con inusitada capacidad para contagiar velozmente, sorprendió a los seres humanos amenazando, en cada lugar y en todo momento, la salud y la vida. Sin vacunas, sin tratamiento y sin cura, los gobiernos optaron por la única forma de combatirlo: aconsejar y/o obligar a la población a quedarse en casa.

Los trastornos ocasionados y las consecuencias creadas por el aislamiento compulsivo, son inéditos y objeto de debate, estudio y análisis en todos los aspectos. Nadie sabe ciertamente cómo actuar, cada día es una prueba más para todos. En este contexto nos preguntamos por nuestra salud mental y convocamos a Erica Krebs, Graciela Carioli y Diego Velázquez, tres psicólogos con una amplia y reconocida trayectoria en su profesión, para que nos ayuden a entender y entendernos en esta difícil experiencia que estamos protagonizando.

¿Cómo ven esto del aislamiento, asilamiento o cómo lo llamarían?

 Lic. Graciela Carioli: No me gusta mucho la palabra “aislamiento”. Y, como el modo en el que nombramos las cosas hace bastante a cómo las registremos y nos impacten, prefiero, en este caso, hablar de cuarentena. Salvo que hagamos referencia particularmente a quienes están aislados por sospecha de enfermedad.

 Lic. Erica Krebs: En tu pregunta en lugar de aislamiento, escribiste “asilamiento”. Me pareció una perla, para poder ubicar como esta experiencia tiene múltiples sentidos.

Bueno, entonces, ¿cuáles son los desafíos psicológicos en la cuarentena o asilamiento?

 Lic. Diego Velázquez: Hay varios. El más obvio es la convivencia permanente, que es totalmente inédita, nunca una familia se ve las 24 horas. Otro desafío es el aprendizaje de estar solo, el de convivir de otra manera con otros.

Lic. Erica Krebs: El término  “desafíos” alude a algo a superar, y sobre todo a resolver en términos individuales, creo que no abordaría la cuestión de ese modo. Porque allí se nos estaría imponiendo una lógica de eficacia, de éxito, que se ha empezado a instalar mucho desde el lenguaje del coaching, propio del neoliberalismo. Pero si desafío refiere a una situación que nos interpela, me resulta más interesante. Y creo que me gusta, más que la idea de desafío “psicológico”, la idea de desafío “vincular” o “comunitario”. Repensar un poco qué tipos de vínculos construimos con los otros. ¿Vínculos empáticos, que nos permiten ponernos en el lugar del otro,  o vínculos de juicio punitivo? ¿Vínculos de solidaridad recíproca o vínculos de competencia? ¿Vínculos en los que se privilegia lo colectivo o donde se privilegia lo individual? ¿Vínculos que permiten convivir con las diferencias o que las segregan con violencia?

Cada uno tiene su mundo y hay que preservarlo, Lic. G. Carioli

Lic. Graciela Carioli: Todo esto que se dice da lugar a que esté bien planteada la pregunta desde el lugar de “desafio”. A mi criterio, el desafío más grande es ser tolerantes. Todos y cada uno de nosotros. Tolerantes con la situación y tolerantes con el otro. Aceptar que el otro es alguien que, aunque me quiera, tiene deseos, necesidades y hasta modos distintos que los míos. No pretender que porque estamos bajo el mismo techo hemos perdido nuestras individualidades y que todo sea compartido. Cada uno tiene su “mundo” y hay que preservarlo. Si logramos el respeto de las reglas básicas de convivencia y a su vez de las necesidades y tiempos individuales, te diré ¡desafío superado!

Lic. Erica Krebs: Creo, además, que lo psicológico siempre hay que pensarlo junto con su contexto, con lo que pasa con los cuerpos en situación.  No es igual lo familiar en viviendas de barrios que presentan mayores vulnerabilidades y con mayor dificultad en el acceso a derechos, que en un hogar de clase media o de clase alta. No es igual si esta situación produce pérdida de trabajo e ingresos o, por el contrario, sobrecarga de tareas. No es igual si hay espacio para poder separase en diferentes ambientes, que si no lo hay. Lo familiar se define también por condiciones materiales, económicas y sociales. Y en este contexto eso se vuelve determinante para pensar de qué hablamos cuando nos referimos a lo familiar. Aunque va a ser diferente la situación de quienes quedaron en su casa con vínculos elegidos, que el caso de alguien que queda aislado con su agresor, en los casos de violencia o abuso.

Pero ante de ir a las terribles situaciones de abuso y con relación justamente  a lo familiar, ¿cómo ven que se presentan esta cuarentena para los vínculos familiares?

Lic. Erica Krebs: Lo que llamamos familiar, son escenas múltiples, muy diversas en sus singularidades (familias con o sin hijos,  con dos progenitores, con padres separados, monoparentales, con o sin presencia de adultos mayores, con integrantes en mayor o menor riesgo de vida en caso de contagio de coronavirus, con mayor o menor acceso a derechos, etc.), y cada configuración produce maneras singulares de transitar la pandemia y el aislamiento preventivo. Entonces, cada configuración va a presentar sus propias dificultades y también sus propios recursos y limitaciones para afrontarla.

Lo psicológico siempre hay que pensarlo junto con su contexto, Lic. E. Krebs

Lic. Diego Velázquez: Esto puede verse agravado si hay lazos previos que están dañados, como en un extremo la violencia familiar. Pero de esto no se deduce que estar solo sea una situación idealizada, por el contrario puede suscitar angustias.

Lic. Erica Krebs: El  miedo al peligro exterior o la obligación del confinamiento en la casa son fuentes de malestar, sin dudas.  Y ese malestar se va a poner en juego vincularmente.  La situación en la cual cada quien quedó en el aislamiento, aún en el mejor de los casos (que fuera elegida) probablemente no fue elegida para las 24 hs del día todos los días. Ni quienes viven con otros, ni quienes viven solos. Aclaro esto porque mucho se habla de lo familiar, pero no tanto de la situación de aquellos que viven solos y que, aun cuando lo hayan elegido, no lo eligieron en condiciones de no poder encontrarse con otros cuando así lo deseen o lo necesiten.

Lic. Graciela Carioli: La cuarentena social obligatoria nos “invita” a quedarnos en nuestras casas con nuestros seres más allegados y, en el mejor de los casos, los más queridos. Y esto parece ideal, pero la realidad es que nuestro mundo afectivo es mucho más amplio. Familiares, amigos, conocidos, vecinos, compañeros de trabajo, etc., forman parte de una interminable lista de afectos con los que solemos estar en contacto y esa posibilidad ahora se ve limitada. Algunos hasta plantean que estar 24 horas por mucho tiempo con alguien conocido, hace que aparezcan aspectos del otro que uno desconocía y que puedan generar la sensación de estar con un desconocido. Yo no creo que esto suceda en cuarentenas con familia. Podrá darse en otro tipo de vínculos.

El aislamiento es físico, pero no social, Lic. D. Velázquez

Lic. Erica Krebs: La pandemia ha puesto una lupa sobre los modos de vincularnos, no sólo familiarmente. Los vínculos familiares son aquellos que están más visibilizados o incluso más legitimados. Se habla menos de cómo afecta esto a otros vínculos como las amistades, por ejemplo, que son un sostén fundamental en las vidas  de muchos. Y de cómo esos vínculos no familiares en el sentido hegemónico son, incontables veces, los que configuran la red de acompañamiento material y afectivo de tantas personas. Creo que toda esta experiencia nos obliga, o espero que así sea, a pensar un poco qué tipos de vínculos sostenemos y fomentamos y a considerarlos en toda su diversidad.

¿Hay patologías que puedan surgir o agravarse en el aislamiento?

Lic. Diego Velázquez: No específicas; si no estaban antes, no podrían surgir por esto. Sí puede haber surgimiento de angustia o sentimientos depresivos, pero serían cuestiones más agudas, no crónicas. Además el aislamiento es físico pero no social, ya que seguimos en contacto, trabajando en muchos casos.

Lic. Erica Krebs: Es una gran pregunta, sobre todo teniendo en cuenta que desde hace siglos se ha considerado el aislamiento como medida terapéutica (las internaciones en Salud Mental) o de reinserción social (las cárceles). El aislamiento que se ha tomado como medida de prevención del coronavirus no es, como en esas instituciones, un aislamiento total sino parcial. Tenemos habilitado comunicarnos con otros por vías digitales o telefónicas. Tenemos permitidos algunos desplazamientos. Lo que está significativamente restringido es el encuentro real con otros cuerpos y la circulación por algunos espacios. Ahí se torna evidente lo significativo de la presencia real del otro que, para muchos, no se sustituye, sin pérdida, los encuentros audiovisuales (que permiten ver y oír. Pero no tocar, oler, sentir la proximidad de otro cuerpo) Y también la importancia de poder transitar espacios y experiencias con el propio cuerpo.

La situación de pandemia  puede ser leída como una experiencia intensa de desamparo, Lic. E. Krebs

En cuanto a lo específico de la pregunta: sí. Que alguien se vea privado de espacios, vínculos, actividades que lo sostenían (tanto si ya traía un padecimiento previo como si no) puede generar impacto y ser una ocasión de agravamiento en patologías previas o de manifestación de patologías que en otras condiciones no se hubieran manifestado.  Y no solo de patologías sino de padecimientos inherentes a las restricciones que se imponen. Quiero decir que no toda angustia o sufrimiento por una limitación impuesta implica una patología, pero la ausencia de “enfermedad” no quita que pueda haber un sufrimiento que es real y que muchas veces no se sabe cómo abordar.

La situación de pandemia  puede ser leída como una experiencia intensa de desamparo. No hay garantías de que alguien pueda salvarnos y creo que eso puede producir, para muchos, una intensa angustia. Frente a esa angustia, el abanico de respuestas que se despliega es múltiple, tanto en los nuevos modos de padecimiento como en respuestas creativas, solidarias y constructivas.

Lic. Graciela Carioli: La psique tiene un umbral de tensión que soporta. Lo que nos sucede nos genera tensión psíquica. Cuando este umbral se rompe, se traspasa, la psique se tensa. Y con ello se desestabiliza. Esto es en general, y a esto se le agrega lo particular de cada caso. Esta cuarentena nos enfrenta a una situación atípica, extraña para el común de la gente. Y esto nos genera tensión. Pero no todos llegarán a su umbral. A qué punto de tensión se llegue, junto con la patología preexistente, será la clave de cada caso en particular. Y a ella responderemos con nuestros recursos internos y externos. De esto dependerá que puedan surgir nuevas patologías o que se agraven otras. De todos modos, es dable pensar que cuadros ligados a la ansiedad y a estados depresivos serán más propensos a sufrir consecuencias en este contexto.

Erica, hiciste referencia a lo significativo que es el encuentro real con otros cuerpos y a l necesidad de la presencia real del otro en este momento que es justamente lo que está restringido, ¿podrías especificarlo un poco más?

Lic. Erica Krebs: Aparece para muchos el dolor de extrañar la presencia física de los otros, cuando experimentan dificultades en sostener los encuentros, sin la presencia próxima del cuerpo ajeno.  Otros viven como pérdida la posibilidad de desplazarse y acceder a otros lugares o a otras experiencias que ahora están interrumpidas, pues les hace falta la experiencia real del cuerpo propio en determinados espacios o condiciones. Se evidencia así el intenso sufrimiento psíquico que el aislamiento puede producir.  Y si puede producir tanto padecimiento ese recorte parcial de la libertad,  podemos imaginar fácilmente cuanto más costoso es para aquellos que padecen encierros totales. Por eso considero que también es una gran oportunidad de pensar nuevamente nuestras instituciones de Salud Mental, y nuestro sistema penal, que se sostienen en aislamientos mucho más estrictos y sin posibilidades de comunicación con el exterior.

Por otra parte, también ocurre que algunos encuentran en esta ocasión un modo más interesante de relacionarse, que los lleva a generar vínculos solidarios y aportes a la construcción comunitaria. Así como algunos sufren más, otros despliegan recursos o descubren disfrutes que no hubieran desplegado en otras ocasiones.

Con el aislamiento el trabajo en algunos casos se pierde y en otros invade el ámbito de lo privado, se mete en casa, ¿cómo se puede manejar de manera efectiva el estrés y la ansiedad que esto genera?

Lic. Graciela Carioli: Es muy distinto perder el trabajo al home working. Y se generan dos situaciones totalmente distintas. El empleo es considerado generalmente como fuente de bienestar y equilibrio, con lo cual, quien  pierde el trabajo tendrá que sumar a esta situación nueva y estresante per se una gran preocupación personal, que será el cómo resuelve en lo inmediato la situación laboral y a mediano plazo la situación económica (carencia) que se le generará. O viceversa, el desempleo es vivido e interpretado de diferentes maneras de acuerdo a circunstancias individuales, pero en este contexto es más difícil que surjan los mejores recursos de uno porque a su vez hay una situación externa que genera sensación de incertidumbre, desesperanza e impotencia. Por otra parte, quien conserve su trabajo tendrá un desafío muy distinto, que será el poder adaptarlo como algo más que uno tiene que modificar en esta modalidad temporal de vida que nos toca asumir.

 Toda crisis trae consigo una posibilidad de cambio, Lic. G. Carioli

Lic. Diego Velázquez: Es muy difícil en el caso de que el trabajo se pierda. Si se mantiene es más bien una bendición; puede producir ansiedad o problemas de organización, pero es el mejor de los mundos seguir trabajando en esta circunstancia. Cuando se pierde el trabajo son pocas las respuestas individuales que pueden aparecer, son respuestas que corresponderían al estado o al sector privado.

Lic. Erica Krebs: La pregunta me lleva a pensar si lo que hay que hacer con el estrés y la ansiedad es  “manejarlos”. Porque eso puede resultar en una demanda de sobreadaptación enorme. Es como decirle a alguien “tenés que quedarte en tu casa, modificar tus hábitos laborales, resolver en nuevas coordenadas tu vida doméstica, no contagiarte el virus, arreglarte con tu convivencia o tu soledad, y además sos responsable de tu estrés y tu ansiedad, manejalos”. ¿No es mucho?

Creo que la contribución que quienes trabajamos en el campo de la llamada Salud Mental podemos aportar, va en la línea de comprender cuáles son los generadores de esa ansiedad y de ese estrés. Entender que muchas veces no son problemáticas individuales sino sociales. Que están producidas por las condiciones en las cuales se trabaja. Porque muchas veces esas condiciones se arman con demandas literalmente imposibles de cumplir, que quedan convertidas en exigencias individuales llamadas “objetivos” o “productividad”, sin pensar qué cuerpo y qué psiquismo son los que están sosteniendo esa tarea.

Hay un trabajo de duelo, las cosas tal como eran no son más, Lic. E. Krebs

Personalmente, creo que un modo de encarar esto es aceptar que toda esta experiencia implica pérdida. Que hay un trabajo de duelo. Que las cosas tal como eran no son más. Que las cosas tal como las hacíamos no se pueden hacer. Me parece que el mandato de sostener la “normalidad” es renegatorio de lo que está ocurriendo y puede producir mucho daño psíquico.

Lic. Graciela Carioli: También hay que decir que toda crisis trae consigo una posibilidad de cambio. En el mejor de los casos habrá quienes debido a esta circunstancia de aislamiento social obligatorio logren modificar ciertos hábitos que tenían, que no eran los más saludables, por otros nuevos tanto mejores.

¿Y para aquellos que se ven desbordados porque deben mantener el mismo ritmo laboral, pero ahora completamente en su casa, qué se les puede aconsejar?

Lic. Erica Krebs: De la misma manera, podemos pensar que las estrategias para hacer algo con ese malestar, tampoco son individuales. Lo primero que se me ocurre, frente a la aparición de ansiedad, estrés, o cualquier malestar que pudiera desbordar a alguien es que se puede pedir ayuda, contar con otros. Esos otros pueden ser los vínculos afectivos o sociales, y también la ayuda profesional. Al igual que en la vida antes de esta pandemia, cuando el malestar desborda los propios recursos personales y vinculares puede ser un buen momento para una consulta con un psicoanalista, que pueda ofrecer una escucha diferente  a una situación de padecimiento.

Los discursos que hacen eje en el miedo al otro, son efectos de la posmodernidad, Lic. D. Velázquez

Lic. Graciela Carioli:  Lo aconsejable es que quien pueda sostener su rutina lo más similar a lo que era, lo intente y lo sostenga. (Esto sin caer en la negación del momento que vivimos y de lo que sucede afuera) El gran desafío será el poder limitar los momentos de trabajo. Lo aconsejable es intentar determinar una zona de la casa donde uno pueda realizarlo y no extralimitarse con los tiempos. El poder generar cortes para comer, para distraerse y regresar a él o el gran desafío de que no se extienda más de lo habitual y aconsejable. Si habitualmente a las 18 horas uno salía del trabajo, pues será un buen horario para que ahora apague su computadora y pueda dedicarse a hacer algo más dedicado con lo recreativo o familiar.

Uno de los temas que preocupan es la violencia dentro de los hogares, violencia doméstica y violencia de género, ¿Cómo abordar esta problemática tan difícil y preocupante?

Lic. Erica Krebs: La  violencia de género, que padecen principalmente las mujeres,  infancias  y adolescencias, así como las situaciones de agresión intrafamiliar ligada a los rechazos a las singularidades (como el rechazo a la identidad de género o a la orientación sexual de un  integrante de la familia) son parte de los temas más urgentes, por las vidas que están en juego,  y que requieren respuestas muy cuidadosas y específicas. Las medidas tomadas contra la pandemia en algunos casos duplican un aislamiento que ya ocurría de hecho en los vínculos atravesados por situaciones de violencia. En general uno de los modos en los cuales se manifiesta la violencia es el control que el agresor mantiene sobre la vida vincular del otro, reduciendo sus posibilidades de relacionarse con otras personas. Esto puede profundizarse con estas condiciones dificultando más aun a la víctima el acceso a ayuda, y también magnificando las situaciones de violencia por el hecho de multiplicar la cantidad de tiempo de convivencia con el agresor, porque tal vez en la rutina anterior, víctima y agresor, no estaban todo el tiempo juntos dentro de la casa Es un tema delicado, que requiere estrategias de abordaje específicas. Acompañar sin juzgar, no aumentar el aislamiento de quienes la padecen y conocer los recursos que el Estado y las diferentes organizaciones comunitarias van desarrollando, son estrategias posibles.

El gran desafío será el poder limitar los momentos de trabajo, Lic. G. Carioli

Lic. Diego Velázquez: Dentro de esta dificultad que es muy grande, es un tema para el cual las respuestas institucionales y del sistema de salud son más presentes y desarrolladas. O sea que la respuesta a esto es poder apoyarse en esas herramientas oficiales.

ASISTENCIA DEL ESTADO CASOS VIOLENCIA GÉNERO 
Linea 137 Atención a víctimas de violencia familiar
Linea 144 Atención a víctimas de violencia de género
BUSCADOR DE CENTROS DE ATENCIÓN

La gente en los balcones aplaude a los médicos pero también hemos visto casos en que en los edificios agreden e intentan echar a los médicos por miedo a contagiarse, ¿existe algo así como un punto medio colectivo emocional que evite los extremos?

Lic. Diego Velázquez: La época y algunos de los discursos predominantes hasta el momento hacen eje en el miedo al otro, el otro como peligroso, indeseado, segregado, son efectos del capitalismo financiero y la posmodernidad. Entonces no es extraño que aparezcan desplazados estos discursos hacia otras segregaciones. Por suerte entiendo que son minoritarios, y eso abre una vía de esperanza de un aprendizaje sobre la necesidad del prójimo, del estado, de los proyectos colectivos.

Lic. Erica Krebs: Creo que toda situación que genere miedo como una pandemia, hace aparecer modalidades de respuesta que ya existían antes pero se visibilizan más. El abanico de reacciones posibles frente a esto es muy amplio, con múltiples respuestas singulares sostenidas en diversas formas de leer el mundo y tomar posición en él.

Está quien agradece, y aplaude. Quien puede pensar en el otro, empáticamente, y ofrece ayuda. Y está quien necesita proyectar sus temores y odios hacia un enemigo identificable. Porque el virus como imagen del peligro es muy difusa, difícil de localizar. El mecanismo es similar al que tristemente ha aparecido en diversos momentos de la historia (cazas de brujas, fascismo, nazismo) o que se manifiesta actualmente  (xenofobias, machismo, homofobia, y la lista podría volverse infinita). Lo propio de estos casos es el  proyectar el problema en el otro y la respuesta hostil.  Incluso en el dislate de suponer que la presencia de un médico en el edificio es un peligro (y no una inmensa suerte, como creo yo), lo que me parece más grave es el tipo de reacción: el deseo de expulsarlos.  No son personas que dicen “me da miedo el médico, me voy a mudar”. Dicen “me da miedo el médico, que se vaya”.  Lamentablemente es un fenómeno sencillo de identificar pero difícil de combatir. Solo puedo reiterar que también en lo social esta situación nos obliga a pensar qué tipos de vínculos construimos como comunidad.

Autorizada la reproducción citando: www.ataqd.com.ar

 

Erica Krebs, Licenciada en Psicología UBA, psicoanalista y docente.

 

 

Graciela Carioli Sigwald, Licenciada en Psicología, miembro titular del Centro Oro.

 

 

Diego Velázquez, Lic. en Psicología UBA, Magíster Psicoanálisis UK. Prof. UNLZ y UPE; supervisor y psicoanalista clínico. Medios Diario Perfil y Tiempo Argentino. Autor “Lo que Lacan y Klein sabían del Otro” (Ed. Letra Viva) y “Testimonios de la transferencia” (Ed. Entreideas).