ALBERTO vs TECHINT, ¿Grieta o Pozo Confusional?

Anoche hubo cacerolazos contra “los políticos y vagos que viven del Estado”. Días antes, el presidente Alberto Fernández trató de “miserables” a los empresarios que echan trabajadores y, en especial, a la empresa constructora Techint, y les advirtió que “llegó la hora de que ganen menos”.

Alberto Fernández, un presidente peronista, defiende los intereses populares y Techint, una empresa oligopólica, defiende los intereses oligárquicos. La diferencia es que ambos creen que sus posiciones son justas en términos absolutos.

A esta situación vulgarmente se la llama “grieta”, pero no representa más que un pozo cavado sobre una confusión conceptual milenaria.

¿Para qué entonces decidimos vivir todos juntos, si tenemos criterios de justicia distintos y no nos importa que la justicia en que cree cada parte sea justicia también para los demás?

Los griegos al explicar los regímenes políticos, básicamente, definían a la democracia como el gobierno de los iguales y a la oligarquía como el gobierno  de los desiguales. Al intentar pensar cuál de los dos era más conveniente para la polis, comenzaron a indagar sobre sus virtudes y defectos y advirtieron que ambos regímenes eran propensos a generar facciones y enfrentamientos porque no lograban “expresar en su totalidad lo justo en sentido propio” (Aristóteles, Política), sino que los conflictos se generaban porque se juzgaban mal a sí mismos.

Los dos regímenes coinciden en que la justicia tiene que ver con algún tipo de igualdad, o más precisamente a la “igualdad proporcional” (Ibídem). De este modo, en una democracia, como todos se consideran igualmente libres, se creen que todos son completamente iguales; y en una oligarquía, como son desiguales en su patrimonio, creen que son todos completamente desiguales. Y entonces, concluye Aristóteles, “unos, creyéndose iguales, se consideran dignos de participar de todo en condiciones de igualdad, mientras que los otros, suponiéndose desiguales, buscan tener más privilegios, pues en el más radica la desigualdad”.

En el fondo de esta grieta o pozo confusional, es lógico que veamos enfrentamientos de facciones políticas. Techint quiere tener más privilegios porque considera que por su patrimonio ellos no son iguales a los demás, y es justo entonces que no quieran ganar menos. Alberto Fernández quiere que Techint gane menos y comparta su fortuna, considerando la pandemia al menos una vez, porque considera que es justo porque en democracia somos todos iguales.

Hay una trampa en esta reflexión, y es que cada uno, el oligarca y el democrático, juzga para sí mismo. Es decir, cada facción no se permite extender sus conclusiones sobre lo justo de modo tal que contenga y abarque también a la otra facción. Es decir, es cierto que en democracia somos igualmente libres, pero no por ser igualmente libres somos todos iguales. Y también es cierto que en la oligarquía somos desiguales en el patrimonio, pero no por ser desiguales en el patrimonio somos todos desiguales.

La pregunta que debemos hacernos y que en ambos lados de la grieta no se hacen es: ¿Para qué entonces decidimos vivir todos juntos, si tenemos criterios de justicia distintos y no nos importa que la justicia en que cree cada parte sea justicia también para los demás?

Se trata, como decía, de un debate milenario. Los griegos, en especial Platón y, más analíticamente Aristóteles (de quien extraemos estos conceptos), conocían y trataban de pensar cómo resolver políticamente estas cuestiones que son tan conflictivas aún para nosotros. Luego, como todos sabemos, el giro que hizo a la filosofía un instrumento de transformación de la realidad, juzgó sano para el progreso de la humanidad que esta confrontación pueda darse para que, en el conflicto, pueda ser superada por una instancia mejor. Pero no es objeto de esta reflexión hundirnos en la historia de las ideas, más bien se trata de que seamos capaces de meditar el curso de los acontecimientos para no caer permanentemente en el pozo de la confusión.

La pandemia amenaza nuestras vidas a todos por igual. No hay desiguales para el coronavirus, diríamos que es un virus democrático. Y las soluciones y acciones que tomemos todos por igual, decidirán si tuvimos éxito o no en la batalla sanitaria.

El Covid-19 pasará, dejará planteado muchos interrogantes y, no tengan dudas, seguirán las luchas entre iguales y desiguales. Pero tal vez, en una de esas, la pandemia sufrida nos haga recordar que si alguna vez decidimos vivir todos juntos (iguales y desiguales) en esta tierra argentina, lo hicimos sobre todo para vivir bien y, como ya dijo Aristóteles, la manera de lograrlo es tener muy presente además que “la vida en común también es obra de la amistad”.

SFCarciofi, 31/3/2020