El COVID-19 y la PULVERIZACIÓN de la DECISIÓN SOBERANA

El coronavirus discontinuó el curso habitual del capitalismo y sus sistemas políticos y, al mismo tiempo, profundizó sus defectos y reactivó varias propuestas de cambio. Entre varios de los trastornos que generó la pandemia, tomó fuerza la importancia del Estado contra las ideas neoliberales de no intervencionismo, puso en evidencia el desacople entre economía global y Estados nacionales, suspendió derechos individuales con medidas de excepción opuestas  a la constitución y las leyes, y atomizó, por no decir pulverizó, el esquema de decisiones políticas en el medio de un estado de excepción.

Es conocida la tesis de Giorgo Agamben sobre el hecho de que en los últimos tiempos la excepción se convirtió en regla, es decir que las limitaciones a la libertad (política, social, económica, cultural, la que sea) prevalecieron sobre los derechos que supimos conseguir. Por ejemplo, en Argentina es dramático, puesto que el Decreto 297/2020 que impone el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, junto con sus 49 normas complementarias y modificatorias, vienen a sumarse a la Ley 27541 que estableció la Emergencia Pública junto con sus 112 normas que la complementan y modifican, que a su vez viene a modificar la Ley 25561, también de Emergencia Pública, junto con sus 279 normas complementarias más, y así sucesivamente.

Pero Agamben no se refiere a que la excepción se convirtió en norma jurídica, sino en regla política en su modo más autoritario. Esto es que la vida de los ciudadanos del mundo quedó sujeta a las decisiones de quien tiene el poder de decisión en la crisis, en la anormalidad, en la excepción. No es normal que nuestro país esté lleno de leyes que establecen la anormalidad excepcional de la vida cotidiana. En todo caso, muestra claramente que, a diferencia del soberano schmittiano, los soberanos argentinos no prefieren volver a la normalidad.

¿No es paradójico que en momentos donde se pide más intervención Estatal, se mantenga cerrado uno de los poderes del Estado que justamente debe velar por el cumplimiento de las leyes?

El ejemplo argentino es fácilmente replicable en los demás países del mundo. Las limitaciones a la libertad individual establecida por Estados Unidos en el Patriot Act, luego del atentado a las Twin Towers, y sus sucesivas decisiones también dan cuenta de la marcha autoritaria del mundo.

No es casual entonces que, en nuestro país, en medio de la pandemia, gobernadores e intendentes tomen decisiones que exceden sus atribuciones y exorbitan el carácter territorial de la soberanía, tales como cierres de fronteras provinciales, aislamientos de ciudades, toques de queda y patrullaje intimidatorio e inicio de causas penales a quienes desobedezcan sus “decretos” y, lo que es realmente desopilante, con el Poder Judicial completamente suspendido. Esto último merece una reflexión al paso: ¿No es paradójico que en momentos donde se pide más intervención Estatal, se mantenga cerrado uno de los poderes del Estado que justamente debe velar por el cumplimiento de las leyes?

En Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ordena a sus funcionarios a patrullar para que se suspenda la cuarentena, mientras que gobernadores e intendentes sostienen la cuarentena. La ruptura institucional en este caso es grosera. Pero en Estados Unidos lo mismo parece razonable y lógico, puesto que mientras el presidente Donald Trump solo envía folletos para prevención del virus, en Estados como Florida la cuarentena se cumple estrictamente haciendo valer el federalismo norteamericano.

La soberanía se disgrega, nadie tendrá el poder de decisión para volver a la normalidad.

Y todo esto no se reduce solo a una cuestión de desacople. Hay intereses. Los gobernadores e intendentes están expuestos antes sus vecinos y saben que no tienen el poder de enfrentar una pandemia exitósamente solo con sus herramientas. Los recursos nacionales son escasos y vaya a saber si podrán llegar a tiempo de evitar una catástrofe sanitaria como en Italia. En este punto el defecto del capitalismo es dramático: el sistema de salud no alcanza. Hay intereses económicos. Las empresas pequeñas y medianas quebrarán, no pueden afrontar sus costos más de dos meses. Las empresas grandes reducirán costos despidiendo personal y presionarán a los Estados a suspender las medidas contra la pandemia. La soberanía se disgrega, nadie tendrá el poder de decisión para volver a la normalidad.

En este marco, intelectuales y filósofos del mundo comienzan a blandir sus teorías. Luigi Ferrajoli en una entrevista al diario El País defendió su tesis de un Constitucionalismo Planetario para manejar cuestiones como la pandemia, algo así como para problemas globales, leyes globales. En algún momento, supongo, reflexionará respecto de la pulverización de las decisiones soberanas que describimos. Slavoj Zizek y Alain Badiou plantean que la pandemia abre la posibilidad de un comunismo reinventado o una tercera etapa del comunismo. Otros declaman que nada cambiará. El capitalismo tiene la suficiente fuerza aún para reinventarse. De cualquier modo nadie puede hoy dejar de advertir los desarreglos críticos de las pautas económicas, políticas y sociales básicas que hacen de este mundo lo que fue hasta hace unos días.

En definitiva, todo parece indicar que la decisión soberana pulverizada, hará que el nuevo mundo a reconstruir recaiga sobre cada individuo. ¿Cuánta cultura autoritaria tenemos arraigada cada uno? Algunos aceptan y exigen la mano dura del Estado para imponer el orden y dar con la solución, y hasta argumentan diciendo que la cultura autoritaria del pueblo chino ayudó a terminar con el virus; otros sostienen que no es el Estado, sino la decisión de cada uno de reducir o resignar sus derechos por un bien mayor, que es cuidarse a uno para cuidar al otro.

En cualquiera de los dos casos habrá, sin dudas, un replanteo de la noción actual de progreso. Seremos, acaso, como sostenía Aristóteles (Política, 1269a 5) “seres que se hayan salvado de un cataclismo [períodico]” pero que está vez, en lugar de destruir civilizaciones anteriores (Leo Strauss, 2005), destruya definitivamente las causas que nos llevaron hoy a perecer en la peste.

SFCarciofi, 29.3.2020