DESPUÉS DEL VIRUS, LA ANARQUÍA; por Nelson Pascutto

Hace tres meses, por no decir hace dos semanas, nadie imaginaba o hubiera podido predecir que el planeta estaría completamente paralizado por un virus. Legítimamente entonces podemos imaginar ahora situaciones que, aunque suenen disparatadas, pueden presentarse como posibles y hasta lógicas.

El COVID-19 infectó a todos sin exclusiones, inclusive a funcionarios de gobierno y líderes del mundo como el premier inglés, Boris Johnson o príncipes como Carlos de Gales. Hasta la premier alemana Ángela Merkel tuvo que someterse a cuarentena. Muchos otros o no informaron su situación sospechosa, como el caso del presidente de Brasil Jair Bolsonaro o el mismísimo presidente de EEUU, Donald Trump, o simplemente extremaron su aislamiento, cosa que quedó comprobada en la reunión del G-20 del pasado jueves 26, donde todos los líderes se vieron obligados a charlar por teleconferencia.

Esto demuestra que no solo la población está en riesgo sanitario, sino que también lo están quienes hoy controlan los Estados. ¿Qué pasaría si la virulencia de la epidemia se lleva puesto a los gobernantes? ¿Qué sucedería si uno a uno los líderes y sus colaboradores cerraran sus ojos definitivamente detrás de un respirador?

Más que en el sueño de Bakunin, ¿podemos imaginar la pesadilla de una anarquía absoluta? Inclusive sería una pesadilla para los liberales que ansían la liberación de las fuerzas del mercado. Estaríamos ante la ruptura de la relación inviolable entre protección y obediencia. Como ya nada nos protege, a nada debemos obedecer. Y, entonces, quedaría liberada la fuerza poderosa de la mayor de todas pasiones del hombre: el miedo a la muerte violenta en manos de otros. Volvería a nuestras manos el derecho natural a autoprotegernos, a autoconservarnos en un escenario hobbesiano de guerra de todos contra todos.

Al principio algunos se arrogarán el derecho a gobernarnos a todos. Luego esos algunos disputarán su lugar de poder. Pero más temprano que tarde, muchos colaboradores intermedios tomarán decisiones por sí que confrontarán con otras decisiones similares generando disputas, que además intentarán ser impuestas por la fuerza. Con bandos y grupos en pugna se efectivizará la disolución social y cada uno buscará resguardo donde le conviene. La información de otros países en situaciones similares, producirá la disgregación territorial y con ello la exacerbación de nacionalismos y la proclamación de nuevo países. Se querrán imponer normas que se incumplirán en cada acto de violencia. El planeta reclamará orden y el más fuerte, o el que tenga más armas, se impondrá y acribillará a las multitudes de díscolos en pos de una resistencia global.

Bueno, pero aunque es probable, no necesariamente tiene que ser así. El virus finalmente declinará y no matará a tantos. Lo que sí, creo que la posibilidad de una anarquía nos obliga a de dar por cierto que cambios profundos e intensos de todo tipo nos esperan.

Un fantasma recorre el mundo.

Nelson Pascutto, 27/3/2020