Una de Harry El Sucio, para dejar atrás la peste y toda la basura, por Sergio Carciofi

 

FICHA TÉCNICA:
Título: The Dead Pool (original) Sala de espera al infierno (Netflix)
Año: 1988
Director: Buddy Van Horn
Protagonistas: Clint Eastwood, Liam Neeson, Patricia Clarkson, Jim Carrey.
Música: Lalo Schifrin

En épocas de peste lo más aséptico y sano es ver películas sucias y enfermas. Hay un universo de propuestas y, si te da lo mismo empezar por cualquiera, no está nada mal arrancar reviendo algunos clásicos. Por ejemplo, Harry El Sucio. En Netflix hay una muy buena copia de The Dead Pool, retitulado en español como Sala de espera al infierno. Hay un asesino, mata gente de diferentes modos. Harry Callahan (Clint Eastwood) se va a encargar de él, pero antes sacará de escena al mafioso de la ciudad de San Francisco y, de un disparo con su 44 Magnum, les abrirá un gran agujero a varios. Todos sospechan del director de cine Peter Swan (Liam Neeson), y está muy bien que lo hagan por haber maltratado tanto a Johnny Squares (Jim Carrey), un cantante de rock que intenta grabar con él una escena espantosa interpretando Welcome to the jungle de Guns N´Roses. Hasta acá, lo de siempre. Pero el verdadero nudo argumental está en la crítica explícita de aparente lateralidad a los medios de comunicación, que encarna la notera televisiva Samantha Walker (Patricia Clarkson). Rápidamente, después de ver gente acribillada, asesinada por la espalda, vuelcos y estallidos de autos, destrucción de negocios, robos y demás menudencias, el espectador se dará cuenta que la mala de la película es, sin dudas, la televisión. Harry odia la televisión, al periodismo y a los noteros y su poco sentido de la dignidad ajena y falta de escrúpulos por conseguir la primicia. Si bien le gusta Samantha, no por eso se privará de romperle en mil pedazos su cámara. Hay una reconciliación que, conociendo a Harry, no puede ser menos que un mea culpa de la notera que despierta su admiración. Ya del mismo lado, el asesino reaparece y obliga a Harry a canjear a Samantha, amenazada en su hermoso cuello con un feo cuchillo, por su 44 Magnum. ¡Gran error! La suerte del criminal se acaba…

En el final, el horroroso mundo de los crímenes y los medios de comunicación se les vienen encima, pero la noticia está ensartada más allá, y entonces, mientras comienza a sonar la música de Lalo Schifrin, abrazados los tres, Samantha, Harry y su 44 Magnum, atraviesan la escena dejando atrás toda la basura.
Sergio Carciofi