ARGENTINA, UN PAÍS ENEMISTADO Y SIN PROYECTO COMÚN, por Sergio Carciofi

Aunque parece muy acertada la idea del peronismo de convocar a la unidad desde la consigna #EsConTodos ─puesto que está claro que a un país lo constituyen todos los que lo habitan y comparten su derrotero─, en nuestro caso esos “todos” no persiguen el mismo fin, cosa que nos indica que no hay un interés común y mucho menos un proyecto común.

La existencia de ricos y pobres no solamente conduce a un país a una puja de intereses, sino también “hace de la política ese extraño dominio en que lo patológico prevalece regularmente sobre lo normal” (Alain Badiou, 1988) Esta sentencia que Aristóteles se negaba asumir como algo natural porque para él “la justicia radica en cierto tipo de igualdad” y “el término medio constituye necesariamente el mejor modo de vida”, hace que el Estado no tenga lazo social alguno con los ciudadanos en general y solo sea la expresión de oposiciones partidarias internas. La política hecha por políticos, entonces, no guarda ninguna relación o, si se quiere, permanece divorciada de la claridad que proporciona un proyecto de lo político que, por definición, trae consigo el fin que nos llevó a vivir en comunidad: que todos vivamos bien.

Así, las medidas y acciones de gobierno llevada adelante por el Estado administrado por Mauricio Macri benefició a los ricos. Ahora, las medidas encaradas por el Estado administrado por Alberto Fernández tienen por objeto beneficiar a los pobres. Esta situación ya históricamente repetitiva, recurrente, nos llevó a un enfrentamiento social al parecer sin solución. Lo llaman grieta, pero es enemistad. Y se trata de una enemistad que, como decía Esteban Echeverría, contienen “odios que no son nuestros, antipatías que nosotros hemos heredado”.

Pero este problema no es exclusivo de los argentinos. El Estado, incluso desde una perspectiva marxista, está separado de la situación histórico social y retirado hacia su representación. Es decir, los ciudadanos solo estamos vinculados al Estado porque el Estado se desligó de nosotros para desarrollar su propia dinámica. Paradójicamente depende de todos, pero su existencia es condición del enfrentamiento de clases, es decir de la existencia de ricos y pobres.

La oportunidad histórica que hoy tiene el peronismo en el gobierno de romper con esta trampa de enemistades, no es desde la acentuación de la confrontación entre políticos y políticas de gobierno, sino desde la conformación de un “proyecto de lo político”, que necesariamente defina un rumbo compartido por todos y que nos una en sus peripecias, sufrimientos y alegrías. Los argentinos ya lo hicimos en la lucha por la independencia, en el proyecto liberal del siglo XIX y con el peronismo mientras Perón vivió. Reconstruir la comunidad perdida por las interminables crisis y los absurdos odios y enfrentamientos, como decía Aristóteles, también “implica algo del orden de la amistad”. En esto también hay que trabajar mucho, incluso en las mesas familiares y en las redes sociales. El respeto por el otro, la práctica de la solidaridad, la comprensión nos puede llevar a reconciliarnos. De otro modo estamos sonados y, entonces, jamás lograremos enarbolar nuevamente la épica de los grandes proyectos que nos hicieron argentinos.

Sergio Carciofi