UN PROYECTO DE PAÍS PARA EL CAOS ARGENTINO

Tres veces se pensó qué hacer con la Argentina: Primero, en la lucha por la independencia, se sancionó la Constitución de 1819 y 1826 que tenían por objetivos lograr la libertad política y que el mundo nos reconozcan como una república independiente. Después se sancionó la constitución de 1853/60 para impulsar el progreso material, la inmigración y la liberación de las fuerzas impulsadas por los intereses económicos. Finalmente, durante el siglo XX se avanzó decididamente en la ampliación de derechos sociales, económicos, políticos y, por sobre todo, en la justicia social. De este modo se puso en vigencia la constitución de 1949 que, a pesar de su derogación, hizo subsistir un artículo fundamental, el 14 bis. Los héroes de la primera época fueron San Martín, Belgrano, Rivadavia, Rosas. Los hacedores de la segunda etapa Alberdi, Urquiza, Mitre, Sarmiento, Roca. Y los conductores del siglo XX fueron Alem, Yrigoyen, Perón.

Algo en común une estas tres etapas: la crisis extrema y excepcional, que exigían soluciones temerarias y urgentes. San Martín en cinco años libera Argentina, Chile y Perú. Tres años después la Constitución de 1826 se sanciona en plena guerra con Brasil. Alberdi, luego de la batalla de Caseros de 1852, escribe en dos meses su célebre “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, que fue decisiva en la Constitución de 1853. Alem lidera las Revolución del Parque y en 1905 Hipólito Yrigoyen encabeza una sublevación cívico militar: ambos sangrientos episodios contribuyeron decididamente a la sanción del sufragio universal que llevó a la presidencia a don Hipólito en 1916. El 17 de octubre de 1945 fuerza a Perón a tomar la decisión de erigirse como el nuevo conductor de las masas obreras argentinas, nada en adelante sería igual.

En la lucha por la independencia el pensamiento nacional fue encarnado por Mariano Moreno que impulsaba las ideas de Rousseau y la Revolución Francesa, Manuel Belgrano tradujo a los economistas europeos y promovió el libremercado. Después con la Generación del 37 Esteban Echeverría escribió “Dogma Socialista” que impulsaba los nuevos ideales democráticos y las banderas de Igualdad, fraternidad y libertad.  Juan Bautista Alberdi, con Las Bases se constituirá en el pensador político y jurídico argentino por antonomasia. El peronismo, finalmente le da a la Argentina tres producciones intelectuales fundamentales: Doctrina Peronista, La Comunidad Organizada y Conducción Política; y un camino a seguir: Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, que fue presentado por el mismo Perón dos meses antes de morir.

Los tres pensamientos que moldearon nuestro país tienen algo en común: En 1837 Esteban Echeverría escribe en Dogma Socialista: “Queremos sí formular un sistema de creencias comunes y de principios luminosos, que nos sirvan de guía en la carrera que emprendemos […] La revolución de Mayo se dividió al nacer, y ha continuado dividida hasta los actuales días […] tenemos odios que no son nuestros, antipatías que nosotros hemos heredado. Conviene interrumpir esta sucesión funesta […]”. En el prefacio de la edición de las Bases de 1856 Juan Bautista Alberdi escribe: “[…] no puede ser parcial el que está por la Nación entera, es decir, por el todo, y no por una parte accesoria de ese todo”, y más adelante, cuando comienza a delinear su proyecto de constitución, el tucumano pone como epígrafe una sentencia de Urquiza que reza: “Confraternidad y fusión de todos los partidos políticos”. El 1 de mayo 1974, Perón presenta ante el Congreso de la Nación su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, inspirado en su experiencia y trayectoria escribe: “La carencia de un Modelo de referencia ha causado, en nuestro país, gra­ves efectos sociales, económicos y, particularmente, políticos […] Esclarezcamos nuestras discrepancias y, para hacerlo, no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras ideas, primero, para construir el diálogo social después […] Lo repito una vez más: ´El año 2000 nos encontrará unidos o domina­dos´. Nuestra respuesta, contra la política de dividir para reinar, debe ser la de construir la política de unirnos para liberarnos.”

El desarrollismo, que coincidió con la presidencia de Arturo Frondizi, fue un esbozo de proyecto de país que entró en crisis rápidamente. Con la muerte de Perón nunca más veríamos la puesta en marcha intelectual y material de un país pensado y realizado. Alfonsín, con su lucidez, advirtió o sintió esa necesidad y solo alcanzó a enunciar la posibilidad de conformación de un Tercer Movimiento Histórico, que quedó en la nada antes de nacer. Luego de sufrir el peor de los genocidios, las crisis recurrentes solo contribuyeron a profundizar las divisiones, la tan renombrada grieta, y a someter a los líderes de todo esfuerzo popular a no ser más que pilotos de tormenta.

Hoy la Argentina tiene una nueva oportunidad en esa unidad convocante que encabeza Alberto Fernández y que gestó intelectual y políticamente Cristina Fernández de Kirchner. Es tiempo de pensar nuevamente a dónde queremos ir y cómo queremos hacerlo. En tres ocasiones históricas lo hicimos, podemos hacerlo Todos otra vez.

Sergio Carciofi