SE CAYÓ EL SISTEMA

“Habrá que inventarse una salida. Ya no hay timón en la deriva” Vetusta Morla

Uno de los problemas del sistema democrático es la representación. ¿Hasta qué punto un gobernante representa fielmente la voluntad del pueblo? Es complicado. Pero peor es cuando el pueblo manifiesta soberanamente que el gobernante ya no lo representa.

Varios de los problemas de la representación política tienen que ver: 1) con las promesas de campaña que no se cumplen o que se contradicen después con las acciones de gobierno, 2) con la entrega del pueblo al gobernante de facultades discrecionales y absolutas para decidir en su lugar mientras dure su mandato, 3) con el poco margen de los ciudadanos de interceder en la toma de decisiones de los problemas que diariamente lo afectan en su vida económica, social, cultural y en el ejercicio de sus derechos, 4) con la enorme cadena de intermediarios y funcionarios que el estado impone y con la cantidad de representantes que ocupan lugares en un entramado complejo y poco eficiente en todos los poderes del estado y jurisdicciones municipales, provinciales y nacionales.

Es apenas una mera enumeración de algunos de los problemas de la representación política, que buscan ser solucionados con un mayor control ético de las gestiones de gobierno, mediante oficinas de contralor (como el caso de la corrupción). O bien mediante la ampliación de procedimientos que hagan más eficaces el ejercicio de los derechos ciudadanos, como las instituciones del defensor del pueblo, las ONG, las asociaciones civiles, etc. Filósofos como Jürgen Habermas creen ver la solución en una democracia de tipo deliberativa, otros solo intentan esbozar la participación y autogestión y hasta se propone la eliminación completa de la representación, como es el caso de Alain Badiou.

En el Congreso no parecen muy animados a tomar la única decisión razonable que es el adelantamiento de las elecciones.

Pero éstas soluciones de fondo, ante problemas estructurales no pueden darnos una solución cuando quien gobierna deja de representar al pueblo, como es el caso actual del presidente Mauricio Macri, quien el domingo pasado perdió por una diferencia abrumadora las elecciones que dejó a Alberto Fernández a un paso de sentarse en el sillón de Rivadavia.

Y si, como dice la Constitución, “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes”, quedamos en la situación de que ni el pueblo ni el gobierno (que ya no representa al pueblo) pueden gobernar. Aunque sí puede deliberar el Congreso, pero no parecen muy animados a tomar la única decisión razonable que es el adelantamiento de las elecciones.

Mientras tanto tenemos dos problemas: a) Alberto Fernández tiene la representación del pueblo pero no es el representante, y b) Mauricio Macri es el representante pero no tiene la representación del pueblo.  La pregunta entonces es: ¿quién gobernará estos dos meses que restan para la elección del 27 de octubre? No lo sabemos, se nos cayó el sistema.

Sergio Carciofi