Sarmiento y Alberto Fernández: el mismo desafío.

¡Las dificultades se vencen, las contradicciones se acaban a fuerza de contradecirlas!
Domingo Faustino Sarmiento

 

En estos días Cristina Fernández de Kirchner volvió a descolocar a la política nacional con una doble decisión: competir como candidata a vicepresidente y ceder la candidatura a presidente al ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner, Alberto Fernández. De ganar las elecciones, entonces, los argentinos serán gobernados por un vicepresidente con más poder que el primer mandatario. En la historia moderna argentina solo hay un antecedente similar, y no es el famoso “Cámpora al gobierno, Perón al Poder”, fue en el gobierno de la dupla integrada por Domingo Faustino Sarmiento y Adolfo Alsina entre los años 1868-1874.

Adolfo Alsina fue uno de los más hábiles políticos de nuestro país y el hombre fuerte del momento junto con Bartolomé Mitre. El carismático líder del Partido Autonomista, al igual que Cristina, era un excelente orador. Además contaba con el apoyo decidido de los sectores populares porteños y sus hombres de acción como Juan Moreira, que tiempo antes eran fieles a Rosas. Desde 1866, ya separado del mitrismo, gobernaba y controlaba de punta a punta la provincia de Buenos Aires y su autoridad era indiscutida y muy tenida en cuenta, sobre todo por los veinticinco electores con que contaba la provincia para elegir en el colegio electoral al sucesor del presidente Mitre.

En marzo de 1867, en medio de la guerra de la triple alianza contra Paraguay (o mejor dicho de la triple infamia) el Imperio del Brasil, por intermedio de un diario de Río de Janeiro, lanza la candidatura presidencial de Rufino Elizalde, ministro de relaciones exteriores de Mitre. Se trataba de un candidato que, como Mauricio Macri, garantizaba los intereses extranjeros. Ante esta embestida carioca se opone Alsina y sus partidarios lo proponen como candidato. Por otro lado Urquiza y Mitre negocian, como ahora negocian Massa, Lavagna y Marcos Peña. Urquiza quiere ser pero Mitre no lo deja, prefiere a Elizalde porque sabe que los brasileros desconfían del federal entrerriano. Paralelamente, como una jodita, los jefes y oficiales del ejército del interior y del frente paraguayo como Arredondo, Lucio V. Mansilla, Vedia y Gelly y Obes  lanzan la candidatura de Sarmiento, quien desde su puesto de embajador en Estados Unidos, le manda cartas a Mitre para que lo acepte como candidato diciéndole, cual Lilita Carrió: “Yo llevo una fuerza moral inmensa. Llevo tres años de ver jugar los bolos en New York y estudiarlos”.  Así las cosas, Alsina, que nota que entre Brasil, Mitre y Urquiza rosquean para definir el candidato, busca romper esa alianza dejando saber que él aceptaría la candidatura de Urquiza. El entrerriano pisa el palito y emocionado le ofrece a Alsina la vicepresidencia. Mitre, re caliente, le pide que no acepte la oferta de Alsina, que renuncie y Urquiza se niega. Entonces Mitre lo castiga iniciando una revolución en Corrientes, una de sus provincias aliadas.

Alberto Fernández dice que ni él es Cámpora ni Cristina Perón. Sarmiento dijo que su vice Alsina será presidente del Senado para tocar la campanilla.

Alsina logró dividirlos, y entonces sorprende haciendo público expresamente que su candidato a presidente es Sarmiento y que él lo acompañará como vicepresidente. La provincia de Buenos Aires tenía los votos, pero Alsina era un porteño que por sí solo no podía imponer su candidatura y tampoco gobernar. Sabía que con Sarmiento obtendría el apoyo de los militares y de las provincias del interior. Los mitristas no pueden creer que Sarmiento ahora tenga posibilidades reales de ganar la presidencia y, con la suerte ya echada, se despachan a través del diario La Nación Argentina atacando su figura diciendo: que tiene que ser una broma, que Sarmiento no sirve para general en jefe, que llamó “gallos de mala ralea” a los porteños, que atacó a bastonazos en la calle a las señoras de la Sociedad de Beneficencia y demás injurias que sostendrán insistentemente en todo su gobierno.

Sarmiento fue elegido presidente con el apoyo del 61% de los electores, pero sin partido político propio, sin aliados, sin riquezas, con muchos enemigos y con un vicepresidente muy poderoso y popular. Alberto Fernández, si se impone en las elecciones de este año, tendrá el mismo desafío que el sanjuanino. Ya sus detractores comenzaron a atacarlo a través de sus medios y lo acusan de títere. El hincha de Argentinos Juniors por ahora contesta que ni él es Cámpora ni Cristina Perón. Cuando a Sarmiento le preguntaron lo mismo contestó que Alsina “será presidente del Senado, para tocar la campanilla” y que, como su vicepresidente, tenía previsto solo “convidarlo dos veces a comer”.

La historia de nuestro queridísimo sanjuanino cabrón ya fue escrita y podemos decir que logró vencer las dificultades. El paseador del perro Dylan, ¿vencerá?

Sergio Carciofi