Sinceramente y El Libro

En la tradición política argentina, y sobre todo durante el siglo XIX, hemos tenido escritores presidentes, gobernadores y demás representantes que publicaron sus tesis, memorias, panfletos y crónicas de su paso por la función pública. Los ejemplos más acabados son el de Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, primer y segundo presidente de la Argentina moderna, quienes no solo sabían que ejercían una función suprema en su tiempo, sino que también estaban plenamente conscientes de que sus protagonismos moldearían y sellarían la suerte del país del futuro. La Historia de Belgrano, la Historia de San Martín escritas por Mitre son obras que no solo fundaron la historiografía nacional, sino que le dieron a la nacionalidad una épica ajustada al proyecto liberal de país. Sarmiento, con su prosa intensa y capaz de herir hasta los huesos con precisión quirúrgica, lo dijo mejor que nadie en una carta enviada a Nicolás Avellaneda desde su función de embajador en Estados Unidos: “necesito me procure una colección de tratados argentinos, hechos en tiempo de Rosas, en que estén los tratados federales que los unitarios han suprimido después, con aquella habilidad con que sabemos hacer la historia”. Un ejemplo interesante es el único libro escrito por Carlos D’Amico, gobernador de la provincia de Buenos Aires entre los años 1884 y 1887, cuyo mérito de gestión solo se le recuerda el de haber reglamentado la ley que creaba la figura del intendente en los municipios. Su libro, llamado Buenos Aires, sus hombres, su política,  es una denuncia despechada contra el sistema electoral que terminó por dejarlo afuera de la política. Como éstos, hay muchísimos libros y tienen el gran valor de habernos legado fuentes históricas fundamentales.

Con su libro, en Cristina se amalgaman acaso todos los libros escritos por toda nuestra tradición política.

La publicación de Sinceramente, escrito por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, claramente retoma esta tradición, reiniciada ya por Perón. El peronismo, desde su aparición, despliega todos los recursos literarios a disposición. Una doctrina: La Comunidad Organizada, un manual: Conducción Política, un programa: Modelo Argentino para el Proyecto Nacional; y también una épica encarnada y cultivada por la figura de Evita, primero con La razón de mi vida y luego, escrito días antes de morir, con Mi Mensaje, ese impresionante testimonio visceral, insoportable para sus detractores, que constituye la fuerza moral que le donó al peronismo esa vigencia constante y persistente.

Sinceramente, tiene todos los condimentos que sintetizan esta pulsión por escribir de nuestros gobernantes, pero que a su vez alberga una esperanza. Por estos días, con su libro, en Cristina se amalgaman acaso todos los libros escritos por toda nuestra tradición política. Porque da testimonio de su época y llegará a ser una imprescindible fuente histórica. Porque persiste una direccionalidad política, propone un rumbo y, sobre todo, al abrir las páginas  se inicia un diálogo natural con sus compatriotas. Pero porque además Cristina está viva y es una realidad política que le da esperanzas a una gran mayoría de los argentinos.

Cristina ahora nos descubre la potencia que arroja el libro impreso y en la mano.

El impacto de Sinceramente colocó a Cristina en el centro y desequilibró al resto, propios y ajenos. Sus detractores reaccionaron ferozmente como lo hicieron con Evita. Y a solo días que salió a la venta, y cuando aún pocos han terminado de leerlo, ya dijeron y dirán hasta lo inefable para desprestigiar la publicación. Es el libro. Un libro que vendió ya más de 300.000 ejemplares, que copó la paqueta Feria del Libro en la Sociedad Rural. El libro que jamás escribirán los “buenos y aceptados escritores”, leído masivamente por los ávidos lectores que jamás comprarán ni leerán esos best seller que terminan reciclándose como papel mojado. Es el libro liberado del corset con encaje y pedrería del “mundo editorial” que, con Cristina, ahora nos descubre la potencia que arroja el libro impreso y en la mano. Una potencia que logra desnudar todas las miserias y noblezas del alma humana, aún antes de develarse el contenido.

Sergio Carciofi