LOS TUITS DE TOCQUEVILLE QUE TRUMP NO LEYÓ, por Michael Meurer desde Estados Unidos

A través de Alexis de Tocqueville, pensador y político francés del siglo XIX, Michael Meurer rescata el concepto hegeliano de sociedad civil y pone en valor las prácticas asociativas de los ciudadanos como formas de recrear “una sociedad civil democrática”. En contraste, el uso escandaloso, agresivo y banal de las redes sociales como Twitter por mandatarios como Donald Trump, nos muestra hasta que punto Estados Unidos y el mundo son víctimas de una tragicomedia que olvida, ofende y pone en riesgo a la democracia que dicen defender.

Los tuits de Tocqueville

Si Alexis de Tocqueville, autor del legendario libro La democracia en América (1835) estuviera vivo hoy, su primer tuit probablemente sería este: “La democracia depende de muchas cosas además del voto”.

Primera, entre muchas cosas, en la mente de Tocqueville estaría la universalidad de la “libre asociación civil voluntaria”, y muy probablemente tuitearía su observación de que “los norteamericanos de todas las edades, de todas condiciones y del más variado ingenio se unen constantemente”.

Respondiendo a su propio tuit, luego agregaría: “Siempre que a la cabeza de una nueva empresa se vea, por ejemplo, en Francia al gobierno y en Inglaterra a un gran señor, en los Estados Unidos se verá, indudablemente, una asociación”.

Una sociedad civil significativa es ahora una lejana memoria colectiva, reemplazada por la aparente inmediatez del consumismo político.

Donald Trump, en comparación, usa sus tuits para escupir mensajes sobre “No hubo colusión” (140 veces), “La caza de brujas rusa” (113 veces), “Mentiroso James Comey” (48 veces), “Fake news” (55 veces), “Hillary corrupta” (49 veces). Estas cifras de Mashable tienen un año, así que hoy son muchos más.

Sin importar si se ama o se odia a Donald Trump, lo cierto es que no solo está usando Twitter para desahogar su interminable sensación de agravio, sino también para conectar con una duradera creencia subliminal en la clase de sociedad civil robusta, descrita por Tocqueville cerca de 200 años atrás, en la que la gente se enfrentaba a las “elites” y “ponía a Estados Unidos primero”

El efecto parece grotesco hoy porque las convulsiones desatadas en el electorado por los provocativos tuits presidenciales son como espasmos fantasmas de un miembro amputado hace mucho. Una sociedad civil significativa es ahora una lejana memoria colectiva, reemplazada por la aparente inmediatez del consumismo político y el ruido partidario que reverbera las 24 horas del día a través de la caja de resonancia de los medios de comunicación globales.

La Norteamérica de Tocqueville

A medida que viajaba a través de los Estados Unidos en barco de vapor, diligencia, canoa y a caballo desde Nueva Orleans a más de 20 estados, incluyendo una visita al presidente Andrew Jackson en la Casa Blanca, Tocqueville llegó a creer que era la aceptación casi universal de la asociación civil voluntaria de los estadounidenses lo que hacía a la nación excepcionalmente democrática.

Ya no nos molestamos en formar ciudadanos. Votar se ha convertido en consumismo político.

Un tuit de Tocqueville sobre este tema diría: “En los pueblos democráticos, todos los ciudadanos son independientes y débiles; no pueden hacer casi nada por sí mismos, y ninguno de ellos puede obligar a sus semejantes a prestarle ayuda, de modo que caerían todos en la impotencia si no aprendiesen a ayudarse libremente”.

Sostener una democracia realmente depende de “muchas cosas además de votar”.

Continuando el trabajo de Tocqueville

La asociación civil voluntaria y libre, donde ni el gobierno ni los mercados privados son soberanos, es el campo de entrenamiento de la democracia. Crea ciudadanos emocionalmente maduros, no votantes partidarios fácilmente manipulados por políticas partidistas divisivas. Esa es su función vital.

Ya no nos molestamos en formar ciudadanos. Votar, que se ha convertido en consumismo político, es claramente insuficiente para sostener la democracia. Esto no es una pequeñez. Está en el centro de nuestra disfunción política actual.

La asociación civil es, en última instancia, la civilización misma.

Los desacuerdos políticos agudos son inevitables, pero el núcleo de una sociedad civil saludable es la asociación civil y, en última instancia, la civilización misma. Es solo a través de una asociación civil que los ciudadanos aprenden cómo lidiar con sus diferencias para promover una causa común.

Durante mis viajes, he encontrado permanentemente una creatividad cívica transformadora entre los ciudadanos de Europa y América del Norte, Sur y Central. Esta creatividad cívica siempre se encuentra fuera de las estructuras partidarias. Los mejores de estos modelos alternativos son flexibles, duplicables y escalables. Contienen lecciones profundas para crear una sociedad civil democrática basada en una política de comunidad optimista.

Sobre el autor: Michael Meurer es el fundador de Reimagining Politics, un proyecto que está encontrando, difundiendo y conectando modelos transformadores de la asociación civil a través de experiencias educativas únicas en universidades, organizaciones cívicas, ONG y agencias de gobierno de todo el mundo. Los lectores pueden seguir el trabajo educativo de Reimagining Politics suscribiéndose a su boletín gratuito en https://ReimaginingPolitics.org.

Publicado por MONTEVIDEO PORTAL y MEDIUM POLITICS

Traducido al castellano por Martín Othegui para www.montevideo.com.uy