LÍMITES Y TENSIONES DE LA UNIDAD PERONISTA

Los griegos, que inventaron la política hace más de dos mil quinientos años,  ya habían entendido que el conflicto es esencial para sostener el orden de la polis. El orden unitario que nos contiene (nuestro país) requiere del  equilibrio de las tensiones que proponen los partidos (políticos) que constituyen el orden mismo. Podríamos decir que sin tensiones cualquier cosa deviene blanda, fofa, sin contextura. En cambio lo que mantiene el equilibrio y la fortaleza de cualquier cosa es la tirantez de las tensiones.

De esto, podríamos deducir entonces que los partidos políticos que saben sostener el juego de las tensiones sin romperlas o sin aflojarlas, no solo logran superar las contrariedades y a sus adversarios sino que también contribuyen decididamente a la fortaleza de la nación.

Hasta hace pocos días la unidad del peronismo era un llamamiento patriótico para confrontar el modelo neoliberal de la alianza PRO-UCR: por un lado se planteaba necesaria para superar con éxito la confrontación electoral y, por otro lado, era vital para revertir la desintegración nacional a la que nos está llevando el modelo económico neoliberal.

Así, dirigentes peronistas enfrentados entre sí comenzaron a unificar los discursos y a multiplicar reuniones, congresos y fotos. Todos coincidían en que la unidad es garantía de triunfo electoral y cambio de rumbo del país. Los dirigentes macristas y radicales comenzaron a planificar su contraofensiva judicial, mediática y electoral y, de este modo, las tensiones de ambos partidos comenzaron a mostrarnos un equilibrio griego. La polarización comenzaba a tomar forma nuevamente: Cristina o Macri, Macri o Cristina.

Pero las circunstancias económicas, es decir los aspectos que hacen al todo, al orden de nuestro país (nuestra polis) comenzaron a resquebrajarse aceleradamente: el dólar se disparó, la desocupación creció, los servicios alcanzaron precios inaccesibles y la pobreza aumentó, entre otras calamidades.

Este estado de crisis general que afecta a todos (y no a una de las partes) representa un exceso que debe encontrar un límite.

Este estado de crisis general que afecta a todos (y no a una de las partes) representa un exceso que, como nos enseña Solón (Siglo VI a. C.), debe encontrar un límite. Los responsables ya no pueden formar parte del juego propio de las tensiones, la crisis social y económica les pone un freno y lo sacan de la cancha. De este modo, Macri comenzó a caer en las encuestas y su liderazgo a ser cuestionado por sus partidarios que ven que se están quedando afuera. Paralelamente, el desbalanceo del conflicto, que ahora ve que Macri aflojó frente a la embestida de la unidad peronista, abre la puerta a otros actores opositores como Roberto Lavagna, quien poco a poco va equilibrando el tablero y busca personificarse en el freno a los excesos del partido gobernante.

La unidad del peronismo, en este nuevo escenario político de tensiones, deviene entonces inconsistente porque, no solo los dirigentes peronistas ya ven la posibilidad seria de dar batallas internas para reubicarse en el reparto de cargos electorales, sino porque el desplome del macrismo, su contrincante natural, ya no le exige necesariamente una unidad.

En resumen, hoy tenemos: a un PRO-UCR que, por los excesos de su gobierno, rompió el equilibrio de tensiones y corre serios riesgos de quedar afuera de la segunda vuelta; enfrente a Cristina y el PJ que han sabido mantener como nadie la tensión en este juego de oposiciones y se colocan nuevamente como el rival a vencer; y finalmente a Lavagna y el Peronismo Federal, que ingresan a tensionar la lucha política y a estirarla hasta llegar al extremo que lo coloque como uno de los dos actores del ballotage.

En definitiva, parafraseando a Leandro N. Alem, la política hace posible que un país jamás se rompa, más bien se doble. Pero también, como tiene dicho Heráclito (Siglo VI a. C.): “es preciso saber que todo sucede por discordia y necesidad”.

Sergio Carciofi (abril 2019)