Tiempos Violentos

Para imponer el proyecto liberal se necesita la violencia en todo, decía Sarmiento. No importan las reglas o las formalidades legales, lo  importante es tener sentido práctico. Para el sanjuanino segundo presidente de a Argentina moderna, detenerse en razonamientos que busquen dejar a salvo la Constitución o las garantías individuales era una pérdida de tiempo que podía pagarse muy caro. Por eso la imposición del proyecto liberal debía ejecutarse sea como sea y si requiere de sangre opositora, bienvenida sea, servirá en todo caso para abonar el plan trazado.

Y ciertamente la metodología de acción no cambió para nada. Basta repasar la historia reciente (golpes de estado, fusilamientos, bombardeos, desapariciones masivas…) o recorrer las opiniones y decisiones de los neoliberales que hoy gobiernan nuestro país y la región.

Macri por medio de sus jueces adictos parecen decirnos: ¿qué mal le hace a la República meter en cana a 92 intendentes opositores?

Todos los días asistimos a hechos escandalosos con justificaciones aún más escandalosas y ridículas. En la Argentina de hoy cualquier opositor es encarcelado preventivamente ante cualquier sospecha o son disciplinados con procesamientos y condenas que decorosamente en Brasil justifican por la sola “convicción del juez”. El procesamiento masivo de intendentes opositores en la última semana, por la sola sospecha de haberse utilizado fondos asignados a un plan de tratamiento de residuos, es de lo más desopilante de la embestida neoliberal de los últimos tiempos. El juez ni siquiera reparó en los hechos, que es el material de todo proceso judicial. Y en este caso hay tantos hechos como procesados. No olvidemos que el proceso penal va contra las conductas de las personas, no contra un programa de inversiones y desarrollo mal usado por el estado. Cuando a Sarmiento se lo responsabilizó por sus fusilamientos sin juicio previo, se quejó preguntando con sorpresa: ¿qué mal le hace a la República fusilar a 30 amotinados? En este caso el gobierno de Macri por medio de sus jueces adictos parecen decirnos: ¿qué mal le hace a la República meter en cana a 92 intendentes opositores?

En realidad, lo que está en juego es el control financiero de los recursos naturales que cada potencia necesita, para así enfrentar con éxito una guerra comercial mundial sin precedentes, que ya tenemos instalada con consecuencias inimaginables. La confrontación entre Estados Unidos – China y Rusia ya está planteada en nuestro continente a través de Venezuela, y nuestros países ya comienzan a quedar maniatados por deudas gigantescas que hipotecarán el futuro de nuestros pueblos por generaciones y nos obligarán a alinearnos a los intereses norteamericanos. Cada gobierno neoliberal deberá cumplir el plan y entonces achicar el estado económicamente mediante recortes, ajustes y devaluaciones drásticas. También generar las condiciones para la transferencia de los recursos naturales hacia empresas multinacionales. Macri comenzó a hacer esto con decretos de necesidad y urgencia, luego logró la connivencia de sectores de la oposición que creyó controlados. Pero desterrar el rol activo del estado para evitar las desigualdades e impedir el monopolio de los recursos nacionales no alcanza con el ajuste económico, es necesario además destruir cualquier amenaza política que pueda prosperar como opción electoral que ponga en riesgo la imposición ordenada del proyecto neoliberal. Entonces, ante la caída de popularidad de los ajustadores neoliberales, es necesario sacar de la cancha cualquier construcción que amenace el plan trazado: por ahora la unidad de la oposición argentina pone en serio riesgo su continuidad. Es de esperar que la violencia del proyecto neoliberal no se agote en simples procesamientos si es que éstos no funcionan. No permitirán por nada una derrota electoral y usarán violentamente todo a su alcance para impedirla. En Brasil el líder opositor tiene una condena de 25 años, en Venezuela ya está decidida la invasión militar norteamericana, en la Argentina ya no hay reglas, garantías ni instituciones y la persecución y hostigamiento contra opositores será cada vez más intensa. Se avecinan tiempos violentos y como decía nuestro célebre prócer Domingo Faustino, “aún no está escrita la historia de los horrores que sobrevendrán”.