La Unidad No Es Una Mesa De Café

En el peronismo hay dos cosas que se pueden dar por ciertas sin mayores discusiones: nada ni nadie es un límite y la unidad no se arregla en una mesa de café. El mismo Perón había fijado estas condiciones de posibilidad de su movimiento, al decir que primero está la Patria en un sentido amplio y más allá de los límites geográficos, la Patria como concepto ilimitado. Y también, de un modo afable y campechano, había definido que si algo debía no realizarse, lo mejor era armar una comisión, una reunión de café donde nada prospera.

El reclamo de unidad del peronismo para derrotar a Macri es hoy el concepto convocante de una gran porción de la sociedad argentina. Los dirigentes peronistas saben que deben mostrar ese gesto de unidad porque ven una argamasa de posibilidades claras de posicionamiento político. Entonces comienzan a revolver la cucharita en los pocillos, conversan, charlan, se sacan fotos y enuncian la necesidad imperiosa de una unidad sin mezquindades. Y entonces operaciones de todo tipo lanzan, levantan, bajan y eyectan a la estratósfera a los nombres más impensados como indiscutibles, para luego volver a lanzarlos, levantarlos, bajarlos y eyectarlos al infinito y más allá.

la unidad del peronismo siempre se impuso y jamás se arregló en una mesa.

La realidad, que es la única verdad, es que la unidad del peronismo siempre se impuso y jamás se arregló en una mesa. El peronismo nació con Perón preso y los cabecitas negras ocupando la Plaza de Mayo sin esperar el paro general convocado por el sindicalismo. Con Perón en el exilio, el peronismo sin Perón liderado por el metalúrgico Vandor terminó trágicamente. Sin Perón y la argentina llena de exiliados y desaparecidos peronistas, la unidad del peronismo en 1983 impuso a los dirigentes que expresaban la continuidad del fallido gobierno de Isabel. La experiencia de la Renovación no impidió que desde afuera y sin estructura aparente Menem la borrara de un cachetazo en una elección interna. Luego el mismo Menem fue víctima de Duhalde, que con el 20% de los votos que consiguió con su candidato Kirchner lo devolvió a Anillaco sin pasaje de vuelta. El mismo Néstor Kirchner, que se pavoneaba con esa idea de la transversalidad, terminó por poner en caja a todos asumiendo el PJ nacional para luego imponer a Cristina como la primera presidenta electa por los argentinos. A Cristina le bastó el sillón de Rivadavia para mantener más o menos encolumnado al Movimiento y alguna que otra imposición de límites pseudoideológicos para sus seguidores. Nada indica que el grito sagrado de unidad llegue a imponerse de otro modo. En otras palabras: no habrá gestos de grandeza ni renunciamientos de nadie. Todo peronista sabe que antes de sacar el bastón de mariscal de la mochila, hay que saberlo usar. Porque, ya lo dijo Perón, los compañeros serán implacables con quien no sepa llevarlo en alto y con éxito.

Es de esperar entonces que, si hay unidad del peronismo, esta sea políticamente despiadada y termine por dejar a muchos “compañerxs” lastimados y machucados.

 

Nelson Pascutto.