OSVALDO BAYER (1927 – 2018)

Conocí a Osvaldo Bayer en 1992, un año de resistencias y reinterpretaciones: gobernaba Menem y la convertibilidad entraba en vigencia, hacía dos años de la caída del Muro de Berlín se llevó puesto el socialismo real y las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se reiniciaban, Boris Yeltsin asume el control del ejército ruso,  Bill Clinton gana las elecciones, sufríamos el atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires, Fujimori hacía una autogolpe en Perú y meses después capturaba a Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso; Chávez inicia uno, dos levantamientos fallidos en Venezuela, en Brasil destituyen al presidente Collor de Mello y asume Itamar Franco, México firma el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, Juan Pablo II beatifica al fundador del Opus Dei, Rigoberta Menchu recibe el Premio Nobel de la Paz y el mundo conmemora los 500 años del “descubrimiento de América”.

Habíamos militado fuertemente por la vuelta del peronismo, la inflación hizo estragos en el gobierno de Alfonsín. Menem ganó las elecciones en 1989 y no nos dio tiempo para festejar, ni bien asumió se alineó a las directrices del Consenso de Washington y nombró al frente del Ministerio de Economía a Miguel Roig primero, y luego a Néstor Rapanelli, ambos altos ejecutivos de Bunge y Born. En 1990, en la facultad de Filosofía y Letras, quisimos darle a la JUP (Juventud Universitaria Peronista) una vuelta a la resistencia para enfrentar el neoliberalismo menemista y los proyectos de arancelamiento en la universidad, pero el peronismo prontamente caía en un realineamiento general detrás de la presidencia del hombre de Anillaco y el campo popular debía nuevamente resignificarse y reorganizarse. En ese contexto, en las universidades comenzaron a nacer agrupaciones y frentes que congregaban ampliamente a los sectores populares, progresistas, de izquierdas. En Filo lanzamos el Centro de Estudios Universitarios José Carlos Mariátegui y la CEUP (Corriente Estudiantil de Unidad Popular).

“Ante todo tiene que primar el sentido ético y no rendirse, seguir la discusión”, Osvaldo Bayer

Para La Mariátegui editamos una revista, se llamaba Locus Standi (Un lugar donde estar), que representaba claramente el desafío de crear ámbitos de militancia política que nos contuvieran y dieran un marco de acción. Fue para el primer número cuando tuvimos la oportunidad de conocer y entrevistar a Osvaldo Bayer en su casa, en El Tugurio, y nos dijo cosas como estas: “La caída del muro nos ha dado un ganador, hasta el momento absoluto, que es el denominado sistema de mercado”, pero como contrapartida, en medio de esta gran derrota, nos daba un aliento: “Ante todo tiene que primar el sentido ético y no rendirse, seguir la discusión” y proponía:  “Hay que estudiar nuevas formas de socialismo, el socialismo es la única solución para el mundo, no hay otra, todo lo que toca el mercado lo pervierte […] el socialismo va a tener que ser tomado de otra manera, va a tener que ser sinónimo de regulación, regular la vida económica de los países, regular el derecho a la ganancia, la explotación de la naturaleza, esto es lo que va a tener que hacer el nuevo socialismo”. También modificar las burocracias que permanecen y estudiar nuevas democracias de base: “Las burocracias se forman allí donde hay falta de libertad, y desgraciadamente las burocracias siempre expulsan a los mejores, de ahí que todo sistema político tiene que tener un principio: la renovación de los que mandan, o de los que tienen el poder, una limitación […] aprender a limitar mandatos y acostumbrarse a que la base tenga opinión, y que haya libertad de prensa y no libertad de empresa”. Seguidamente nos advirtió que el consumismo, en ese mundo bipolar que se desvanecía estrepitosamente, podía destruirlo todo. Por esa razón nos instaba a recuperar a Alexander Von Humboldt, quien decía: “no se puede comprender la naturaleza sin el hombre”, porque, retomaba Bayer, “Ecología es todo, es también rescatar en su dignidad a todos los pueblos que se mueren de hambre, a todos los pueblos que no tienen educación, esto también es ecología”.

1992 Aula 108 Facultad de Filosofía y Letras

Su humanismo y militancia por la libertad no tenía límites, entonces su compromiso era inquebrantable. Con él y una ecologista alemana hicimos una charla en el aula 108 de la facultad, la misma que dos años después lo tuvo como titular de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, y el tema fue “El racismo después de Auschwitz”. Fue en el marco de estos 500 años de la conquista, que buscábamos resignificar dando el debate sobre la leyenda negra y la idea del descubrimiento. Bayer reflexionó de esta manera: “La leyenda negra existió y lo hizo en todos sus detalles […] La conquista, y no puede haber otra discusión, se hizo por la codicia, no hubo ansia de inmensidad, sino que hubo ansia de oro. Todas las descripciones, todas las expediciones se hacían por búsqueda de oro o de metales preciosos. Hasta a nosotros nos han encajado el nombre totalmente inmerecido de Río de la Plata, ¿dónde está la plata?, igual sucede con el nombre Argentina, es decir los guiaba el sentido del metal y la riqueza”. Sin embargo, ciertos estados de cosas heredadas de esa invasión codiciosa hoy nos puede servir: “hubo una mestización al revés, la mestización la hicieron las mujeres indígenas aquí”, aunque ésta haya sido forzada por “la espada, la cruz y el falo” de los conquistadores, Bayer rescataba, además, la figura de la mujer aborigen. Y concluía: “somos sin ninguna duda un continente mestizo y realmente no podemos aceptar la posición de aquellos que quieren volver a las viejas culturas mayas, aztecas o incas, creo que hay mucho de demagogia. Podemos aprender de las viejas culturas, pero no podemos volver a ellas, tenemos que aceptarnos como somos, tenemos que ser un continente absolutamente antirracista, porque tenemos todas las mezclas de sangre, creo que eso nos puede servir como una cosa positiva, de eliminar todos los racismos, cosa que Europa no puede eliminar, siempre son constantes esos racismos”.

“Las burocracias se forman allí donde hay falta de libertad, y desgraciadamente las burocracias siempre expulsan a los mejores”, Osvaldo Bayer

Por esos años la lucha contra el arancelamiento de la educación pública nos forzó a organizar marchas, protestas y tomas de facultades. En todas ellas Osvaldo Bayer nos acompañó y siempre estuvo dispuesto a poner el cuerpo contra las agresiones represoras del neoliberalismo de los 90´. Luego, la militancia y la política comenzaron a ser malas palabras, y los medios de comunicación vieron rentable monopolizar los debates políticos y aprovecharon la situación y los redujeron a programas televisivos donde comenzaron a publicitarse políticos sin mayor representación en las bases. Pronto se desmembraron unidades básicas, comités, agrupaciones y la crisis económica terminó por expulsar de la política a muchos que resistieron esos años 90´y que terminaron padeciendo el desastre del 2001. Mientras tanto, a Osvaldo Bayer lo seguimos en sus memorables columnas de Página 12 y siempre fue para nosotros un faro y un ejemplo a seguir, queríamos ser como él. Leímos sus investigaciones impecables que no solo rescataban del olvido a Severino Di Giovanni, un anarquista romántico y enamorado, fusilado por la dictadura de Uriburu o a los obreros de la Patagonia Trágica que él llamó Rebelde, fusilados por la policía extranjerizante y mercenaria de los grandes hacendados de la Patagonia. No solo eran objetos de una inv

2013 en El Tugurio

estigación histórica, sino que les devolvía la voz y denunciaba y ponía en evidencia los mecanismos represivos y terroristas del estado dictatorial y policial que padecieron aquellos compatriotas. Una mañana del 2013 lo visité en El Tugurio,  le llevé una impresión de una investigación sobre unos entrerrianos fusilados por Sarmiento sin juicio previo ni sentencia, en un lejano fortín de la frontera oeste llamado Loncogüé. Le pregunté si conocía el caso, me dijo que no, que lo leería y me haría una devolución. Me invitó un whisky, se lamentó por esa mancha de corrupción del gobierno de Cristina, un gobierno que juzgaba había hecho muchas cosas buenas. Había que recuperar la ética política, una ética que no puede faltar si se trata de cambiar las cosas, una ética implacable con los truchos, los aprovechadores, los explotadores y asesinos. Me invitó a una obra de teatro que se estrenaría  en pocas semanas y reivindicaba a las putas de San Julián, me lo decía emocionado. Esas mujeres que se negaron a prestarles servicio a los asesinos de los obreros patagónicos, eran el corolario perfecto de la lucha por la dignidad de esos hombres fusilados salvajemente. Un final que le negaron a su película dirigida por Héctor Olivera. Meses después me llegó un correo electrónico y en el asunto decía: “Osvaldo Bayer desde Alemania”. Había leído mi proyecto del libro y su devolución superó todas mis expectativas, entre otras cosas generosamente elogiosas me dijo “Hoy he terminado de leer su libro. Algo que se había callado siempre. Por fin se escribe algo así. Además nos descubre un Sarmiento que había sido ocultado. Este libro debe difundirse. Yo lo titularía “Los fusilamientos de Sarmiento”. Y como subtítulo: Una historia nunca escrita.” Finalmente se editó con el título “Los fusilados de Sarmiento” y se lo llevé. Me sugirió que ponga su comentario en la contratapa. Me invitó un whisky y brindamos por el libro, que fue una libación en honor a tantos luchadores fusilados como Severino, como los de la patagonia, los del basural de José León Suaréz, los de Trelew y también los de Loncogüé. Charlamos y sentí que volvía a aquellos años 90´cuando nos decía “Ante todo tiene que primar el sentido ético y no rendirse, seguir la discusión”. No se si hemos estado a la altura de ese mandato, pensé, pero al menos, entre tanta indiferencia, liviandad y truchadas, seguimos la discusión con honestidad y sin rendirnos jamás.

Doy por cierto de que el pasado 24 de diciembre Osvaldo Bayer, bebiendo un whisky, repasó con la mirada los incontables libros que sostienen las paredes de El Tugurio y pensó en bibliotecas que custodian todo aquello que no se ha escrito aún, imaginó un país con nombres de ciudades, ríos, lagos, montañas y calles que hablen de la dignidad y la poética de nuestro pueblo. Luego, se recostó boca arriba en su cama, vació el vaso con un trago último, cerró los ojos y Marlene Dietrich, con un beso en la frente, lo tomó de la mano y cantando se fueron juntos para no volver a añorarse jamás.

El día que la honestidad intelectual y las causas justas prevalezcan en nuestro país, tendrán mucho que agradecerle a este extraordinario historiador, escritor y periodista.

Sergio Carciofi (enero 2019)