Teatro: SOMBRAS EN EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA

TEATRO: “Las Sombras de la Historia” de Hugo Aquino y Carina Kosel 

(Visita guiada teatralizada en el Cementerio de la Recoleta)

Nadie lo dice pero todos saben que los fantasmas del cementerio de la Recoleta no están quietos en sus tumbas. Salen, corren, discuten, debaten sus experiencias en la vida, reprochan, gritan, se enojan, lloran, ríen y pasean, sobre todo eso, pasean como los turistas que todos los días entran temerosos a chusmear las bóvedas y sus arquitecturas fantásticas. Aunque solo se dejan ver cuando David Alleno, cuidador del cementerio desde el año 1881, decide aparecerse ante los vivos para contarles algunas historias de estos inquietos célebres muertos que corretean entre sus sepulcros. Y aunque raramente sucede, el pasado 20 de diciembre, en ocasión de las celebraciones del 196 aniversario de esta paqueta necrópolis, Luz María García Velloso, hija de Enrique García Velloso, fallecida a los 15 años de peritonitis nos quitó el susto primero y nos alegró después con su tierna frescura juvenil.  Marcelo T. de Alvear pasó tranquilo entre los presentes, tal vez para alejarse un rato de la eterna compañía de su esposa Regina Pacini.

Rufina Cambaceres y Elvira Rawson

Pero luego la cosa no resultó tan amable: Rufina Cambaceres aún no asume su muerte, la pobrecita fue enterrada viva y pasó a los gritos.  Pide por su madre y exige que le expliquen qué le pasó, qué le hicieron. Por suerte estaba Elvira Rawson de Dellepiane, quien fuera la segunda médica argentina, para asistirla siempre que puede y que Rufina se deja. Y entre todo este escándalo cayó Encarnación Ezcurra buscando a su esposo, Juan Manuel de Rosas, porque dice que ya no puede sostener sola el agravio y las roscas políticas en su contra sin la presencia del Restaurador quien, según ella, sigue en la campaña con sus gauchos, indios y negros. Pero nos hace saber que continuará tenazmente su lucha, con la esperanza de que Juan Manuel alguna vez le  reconozca que ella le ha sido más útil que nadie. El que da pena es Lavalle: sale a dar vueltas solo y en círculos, cabizbajo, a pasear el remordimiento de haber fusilado a Dorrego y que no lo abandona ni abandonará porque permanentemente busca justificarse. De vez en cuando pasa por la tumba de don Manuel y éste, cuando se siente deprimido, le sale al cruce con su camisa ensagrentada por los disparos y le reprocha su decisión y, sobre todo, que no lo haya escuchado. Y entonces le lee una y otra vez su última carta, la que escribió a sus hijas.

Manuel Dorrego y Juan Galo de Lavalle

Finalmente, el bueno de Alleno nos pidió disculpas por los modos en que algunos de estos fantasmas de la historia se presentaron en escena y sugirió que volvería, aunque no prometió nada. Algunos de los asiduos visitantes vivos después comentaron que en ocasiones fueron testigo de acaloradas discusiones entre Encarnación, Mariquita y Evita, de algunas charlas entre Rosas y Sarmiento y también de un encuentro entre algún que otro gaucho con el mismísimo José Hernández… Y bueno, habrá que darse una vuelta por el Cementerio de la Recoleta de vez en cuando, en una de esas y con algo de suerte se nos presenta don David Alleno y mirándonos a los ojos nos pregunta: ustedes, ¿me ven?

Informe para ataqd.com.ar: Sergio Carciofi