LOS MEDIOS, UNA TRAMPA CAZABOBOS, por Nelson Pascutto

La opinión a mano alzada
La intuición, la sospecha, la corazonada
Y danzar y dar la bienvenida
A la ceremonia de la confusión
BUNBURY

Hoy nadie niega el poder de los medios de comunicación, hasta nos hemos acostumbrado a reconocerles el lugar del cuarto poder… ¿de la república?, ¿del poder real, después de los poderes financieros, bélicos y políticos? No está muy claro, pero todos coinciden en concederles el primer lugar fuera del podio. O al menos nadie lo discute excepto Alain Badiou, un filósofo francés que aún insiste en releer a Sartre, Lacan, Hegel y Marx, y dice: “”creo que se exagera demasiado el hecho de que las personas atribuyan un gran poder a los medios […] Los medios son la propaganda moderna […] En el siglo XV el aparato de propaganda era muy poderoso […] existía un único aparato de propaganda [la iglesia, el cura] y al final siempre se trataba de [hacerle gritar al pueblo] ¡Viva nuestro señor, viva el Rey!” (Ed. Siglo XXI, 2016) Badiou concluye que comparativamente “el poder [de los medios] no es ahora mayor, e incluso está muy debilitado, porque los medios ahora se contradicen mucho entre ellos. [Antes] el mundo gritaba ¡Viva el Rey!, [y ahora) las personas en Occidente dicen ¡Viva la democracia!, sin saber con mucha exactitud qué están  diciendo”.

Esta reflexión parece dar en el clavo, si atendemos las consecuencias por todos vividas en los últimos tiempos, donde los medios de comunicación parecen estar en el centro de las decisiones gubernamentales en los países de nuestro continente [y en el resto de Occidente], porque los medios: denuncian, ponen y sacan ministros, jueces y presidentes; condicionan decisiones, compran y venden empresas, levantan y bajan candidatos y te hace decir que es bueno y necesario, como un objetivo de tu propia vida, que te aumenten los servicios, los alimentos y te bajen el salario. ¿Realmente esto es así?, Bueno, que lo hacen, lo hacen. Y lo hacen con el volumen al taco y, como dicen Badiou, en medio de un tornado de opiniones contradictorias y confusas. Pero, ¿realmente tienen tanto poder?

Más bien, más que un poder, los medios de comunicación son una trampa cazabobos, que confunde y desvía el objetivo de todo intento de autonomía, realización y desarrollo de países como el nuestro. Es cierto que trabajan diariamente sobre las conciencias medias de los beneficiados por las políticas de distribución equitativa del ingreso, implementadas por gobiernos que defienden lo nacional y lo que es popular, pero, sin embargo, es claro los armadores de la trampa nada tienen que ver con los medios en sí, sino que representan, ahora sí, al poder real que ostenta el complejo bélico y financiero del mundo que tiene un solo objetivo: lograr el control absoluto de los recursos naturales, donde sea y como sea.

Acaso esta reflexión sirva para entender el fracaso del modelo nacional y popular llevado adelante por el kirchnerismo, que agotó sus recursos y fuerzas peleando por imponer una pobre Ley de Medios y no por imponer el control y redistribución de la renta financiera y la producción primaria, que para peor en la Argentina es extractiva y contaminante.

Y tanto es así, que los medios de comunicación en su insistente vocación por la confusión, en el medio de una gran crisis económica y financiera, es decir en medio de la crisis en el manejo de uno de los poderes reales, parecen hoy no ser tan eficaces. A tal punto que su prédica constante sobre la corrupción K y el se robaron todo no han logrado que la destinataria de todos los males, la ex-presidenta Cristina Kirchner, baje en las encuestas. Muy por el contrario, en las preferencias electorales supera los 35 puntos y sigue su subiendo.

Si, como dice el filósofo francés, en el medioevo la propaganda era muy poderosa y ahora en la modernidad posmoderna no lo es tanto, puede ser lógico que en el futuro el Cuarto Poder vaya perdiendo posiciones y, parafraseando al gran Bunbury, en su ansiedad por tener el control se termine diluyendo en la acumulación de datos tontos.

Nelson Pascutto