SOBRE LA RECONSTRUCCIÓN DEL PERONISMO

Sólo la idea vence al tiempo.

Hagamos de ella nuestro medio esencial

 para la lucha interna

J. D. Perón, “El Modelo Argentino”

 

Uno de los esfuerzos políticos más grandes e importantes del momento es la reconstrucción del peronismo. Y no solamente por la necesidad de recomponer las fuerzas sociales, culturales, económicas del campo popular, o el mero interés electoral de ofrecer un combo opositor homogéneo, sino porque el peronismo acarrea aún sobre sus espaldas las mismas condiciones que le dieron origen.

Esos orígenes tienen que ver, básicamente, con la gran tarea de inclusión de las mayorías en los derechos sociales, económicos y políticos desarrolladas por Perón a partir  de 1945; y que hoy nuevamente se ven amenazadas con la reinstauración de las políticas neoliberales por parte del gobierno de Mauricio Macri.

Estas condiciones originarias hacen, como dice Gramsci, “históricamente necesario un partido, [porque a su vez] las condiciones de su triunfo están al menos en vías de formación y permiten prever normalmente sus ulteriores desarrollos”. El mismo Perón, en 1974, sostenía que el peronismo no “puede proponerse un modelo estático y cerrado para una Argentina en constante transformación”, sino que “debe presentar el dinamismo de todo lo que se vincula con el devenir del pueblo”. Las condiciones de origen y de triunfo, entonces, se presentan desde una perspectiva histórica, donde la Historia, tal como lo expresaba Perón, “no es una acumulación de etapas inconexas, sino un proceso generativo, dinámico y constante.” Estos simples argumentos despedazan y arrojan a la basura dos apotegmas que hoy resuenan chillonamente: (i) que el peronismo es el partido que más gobernó manteniendo y profundizando las desigualdades y (ii) que, con el triunfo de Cambiemos,  el peronismo dejó de existir como una opción política de poder.

las condiciones de origen le asignan al peronismo una responsabilidad histórica

En la historia moderna de nuestro país, es decir desde 1862 al presente, el peronismo gobernó 34 años, si contamos la presidencia de Carlos Saúl Menem, quien ejecutó la segunda fase de instauración neoliberal defeccionando en todos los principios básicos del peronismo. Aunque también podemos sumar los 13 años en los que gobernaron Hipólito Yrigoyen y Raúl Alfonsin, puesto que ambos gobiernos esbozaron primero y enarbolaron luego muchas de las banderas que el peronismo tomó y luego defendió. Los restantes 108 años fueron gobernados por liberales, dictadores y neoliberales (con algunas gratas aunque impopulares excepciones como Illia). Esta rápida estadística nos da la idea de que no solo los procesos populares son la excepción, sino que los cimientos que sostienen las desigualdades y la pobreza fueron construidos, y son sostenidos y fortalecidos, por expresiones y proyectos políticos y económicos claramente antagónicos al peronismo.

El triunfo electoral de Cambiemos nos presenta una novedad: introduce al esquema de representación democrática al neoliberalismo. La instauración neoliberal comenzó a fuego en 1976 con la dictadura militar, su segunda fase fue la utilización de las fuerzas electorales del peronismo a través del menemismo y la tercera la victoria del partido neoliberal en las urnas de la mano de contratistas del estado, financistas y dueños de multimedios encabezado por Mauricio Macri. Esta novedad, por sí sola, no es determinante de lo que algunos llaman “el fin del peronismo”, sino por el contrario, refuerza sus posibilidades de volver al poder: el peronismo es un movimiento de mayorías y el terreno del juego democrático es su ámbito más  propicio y fértil.

Por lo tanto, las condiciones de origen le asignan al peronismo una responsabilidad histórica que tiene que ver con la realización de sus tres banderas de libertad, justicia y soberanía; las cuales coinciden con la grandeza de la patria y la reconstrucción de la patria grande latinoamericana. En El Modelo Argentino Perón sostiene que “el Justicialismo es el resultado de un conjunto de ideas y valores que no se postulan: se deducen y se obtienen del ser de nuestro propio Pueblo”, es decir que el peronismo está comprometidamente a servicio del pueblo y, por lo tanto, si las condiciones que le dieron origen siguen teniendo vigencia, es deber de todo peronista realizar esas ideas y valores y continuar buscando y trabajando para dar respuestas “a las necesidades integrales del país”.

Las condiciones de triunfo entonces exigen primero, como enunció Perón en el 1° de mayo de 1974 en su mensaje al Congreso de la Nación para inaugurar el 99° período legislativo, “inteligencia y organización [para que] las conquistas alcanzadas serán inamovibles y [sigan] su curso”, para ello, continúa el General “necesitamos seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan poderosas que en el futuro sean invencibles”. Y en segundo lugar las condiciones para volver al poder requieren un proyecto, un modelo nacional que se ajuste a “la naturaleza de la democracia a la cual aspiramos”, Y, como decía Perón: “hay un solo camino para alcanzarla: gobernar con planificación.”

Por definición, entonces, el peronismo debe presentarse en todo momento y época como el reflejo acabado y posible de los anhelos de grandeza y felicidad de nuestro pueblo. Para desarrollar un ámbito de coincidencia nacional, primero se debe forjar y mantener un ámbito de coincidencia interna; para promover un proyecto nacional de inclusión de todos los sectores, primero se debe promover un partido sin exclusión de sectores; para concretar un ámbito de consenso nacional para nuestra comunidad futura, primero el peronismo debe tener un espacio de consenso interno. La carencia de estas prácticas atentan directamente contra las posibilidades de triunfo del peronismo y lo que es peor: van a contramano del propio objetivo del peronismo: “una Argentina íntegra, cabalmente dueña de su insobornable identidad nacional.”

Sergio Carciofi

Febrero 2018