EMILIO MONZÓ, ROSCA Y POLÍTICA DE DESPACHOS ABURRIDOS

Teorías como maniobras 
De despiste o de superstición
La religión de la fabulación
Y la medicina como acto de fe 

Bunbury, “Ceremonia de la Confusión”.

Emilio Monzo, presidente de la cámara de diputados de la nación, dijo hace poco en el Coloquio Idea que la política necesita un espacio de oscuridad donde puedan ser practicables las negociaciones para así imponer una agenda legislativa. Agregó, para ser más figurativo, que para sacar una ley es necesario buscar acuerdos en un “despacho muy aburrido”. Y ahora que termina su mandato y decidió no reelegir, hizo un alegato de defensa de la rosca política que fue muy aplaudido por sus colegas diputados : “me siento orgulloso como político y reivindico la rosca”.

El ahora muy renombrado “cuadro político” macrista, pretende instalar el ámbito natural de lo político dentro de cuatro paredes, donde tres o cinco acuerdan y deciden imponer sus intereses y conveniencias. No es que no sepamos que es normal y habitual que se proceda de esta manera en el mundillo político, pero ciertamente todas (absolutamente todas) las decisiones gubernamentales que van en contra de los derechos de las mayorías, nacen ejerciendo esta práctica de acuerdos ocultos. Así, muchos representantes terminan por hacer todo lo contrario a lo que prometieron en la campaña electoral. El ejemplo público y notorio son las promesas unánimes de que no se iban a tocar los derechos de los jubilados, por el contrario todos anunciaban y gritaban la necesidad de ampliarlos, basta con hacer un repaso a las declaraciones que aún pululan en informes y videos en redes sociales.

la política se transforma en inentendible para el ciudadano y en inexplicable para los representantes

Además, esta forma ejercer lo político abona y potencia a personajes que terminan apareciendo ante la sociedad como fundamentales por su habilidad y capacidad de negociar derechos rosqueando en despachos aburridos.  Y aparecen como hombres serios y responsables, siempre dispuestos a contemporizar y comprender las necesidades de la hora. Entonces, un Pichetto en el senado, un Monzó en diputados, una Camaño en un bloque, un Bossio en el otro, terminan siendo los actores principales de una comedia de enredos que tiene un solo objetivo: responder diligentemente a los intereses inconfesables de los poderosos.

Y la política entonces se transforma en inentendible para el ciudadano de a pie y en inexplicable para los representantes elegidos por el pueblo. Numerosos programas de debate televisivo y analistas de todo tipo y color,  proliferan y se multiplican por los medios de comunicación y las redes sociales para desentrañar las razones de decisiones sorpresivas e inesperadas. Los intentos por dar una explicación toman vuelos argumentales que ni los propios sofistas hubieran imaginado. Pero cuando aparece alguien que va al grano y dice las cosas como son, se arma un desparramo que solo pueden explicar hormigas experimentadas en hormigueros pisados. Hasta que, de a poco, lo ponen en caja o le arman una causa en la justicia que no prosperará si cierra la boca.

Es la política de la confusión. El concepto de pos-verdad, como modo elegante de enunciar el engaño como herramienta de imposición y sometimiento, y la aplicación abusiva de la excepción a la reglas y la no aplicación de las leyes, van moldeando una ficción inentendible que pretende explicar lo inexplicable, como hacer creer que bajar las jubilaciones está bueno o que la baja implica un aumento, cosa que resulta más ridículo.

Pero los despachos aburridos casi siempre están que arden. Entran y salen gobernadores, diputados, funcionarios y también Emilio Monzó; quien se esfuerza en mantener en la oscuridad, en el silencio, en la confusión, esta marea de acuerdos y desacuerdos que intentan otra vez quitar derechos a los postergados de nuestro país. Sin embargo, en algunos casos las puertas de los despachos se abren en las calles, en la vergüenza de muchos legisladores que no se animan a darle la espalda al pueblo porque no ven garantizada su impunidad, en la unificación espasmódica de una oposición que trata de confluir en un programa de acción contra el desastre de esta política económica implementada por el gobierno del PRO-UCR.

Y mientras Emilio Monzó reivindica la rosca, las fuerzas parapoliciales de Patricia Bullrich proteje esos despachos aburridos reprimiendo al pueblo en las calles. Es decir, mientras por un lado rosquean alegremente dándonos sus espaldas, por el otro lado nos sacuden salvajemente balas por nuestras espaldas.

Sergio Carciofi