FIDEL NO MURIÓ, por Sergio Carciofi

Nunca tuvo miedo a la muerte, y no porque lo haya dicho (que lo dijo cuándo se lo preguntaron o se dio la ocasión), más bien porque vivió sin miedo a la muerte. Y su historia confirma y afirma esa actitud. Me lo imagino en los primeros años de la revolución debatiendo este tema con Sartre y el Che, en horas fuera del calendario y del reloj: el derrumbamiento de la revolución será improbable mientras el hombre nuevo no acepte enredarse en sí mismo. Acaso sea la actitud ganada en el asalto al Moncada, en la odisea a bordo del Granma, en Sierra Maestra o en Playa Girón lo que llevó a Fidel y sus hombres a decidir que no les va el mundo que olvida a los hombres y, entonces, a empuñar la vida diciéndole todos los días a la muerte que no se meta, que no es asunto de ella, que esto es cuestión de Patria.

En aquellos primeros días de 1959, Fidel ingresó victorioso a Santiago y luego a La Habana junto con su ejército rebelde para recomenzar la historia de la isla de Cuba. Pasaron diez presidentes norteamericanos y más de cincuenta atentados contra su vida. Vivió como gobernante el bloqueo yanqui más tozudo y devastador que jamás haya tenido el continente americano, vio caer el muro de la guerra fría y con él todo el peso de un nuevo bloqueo contra la revolución: la absurda proclama del fin de la historia. El período especial pareció colocar a la revolución cubana como pieza de museo. Sin embargo, Fidel continuó como siempre, hasta la victoria. Una victoria que es él y el pueblo cubano y que ahora, más que nunca, son una sola cosa.

llevamos cuarenta y cinco años resistiendo contra esa superpotencia, que no ha hecho más que cosechar derrotas, derrotas y derrotas frente a Cuba.

Tuve la opotunidad de presenciar en La Habana y luego en Buenos Aires dos hechos que lo tuvieron como gran protagonista.

En el año 2000 se dio a conocer un suceso que conmovió al pueblo cubano y al mundo: Elián González, un niño de siete años, fue rescatado por pescadores de La Florida junto a tres personas, luego del intento de la madre de emigrar ilegalmente con niño, quien murió ahogada junto a nueve personas más. Sus familiares de Miami, apoyados por le comunidad cubana anticastrista, intentaron quedarse con la custodia de Elián y así se inició una batalla internacional que Fidel transformó en un asunto de estado encabezando él mismo las manifestaciones y la lucha por devolverle la custodia al padre, que residía en Cuba. No fue un hecho menor, sobre todo para el pueblo cubano que aún lleva en su memoria la llamada Operación Peter Pan: uno de los más miserables ataques contra la Revolución ejecutado en diciembre de 1960 por el sacerdote irlandés Bryan Walsh y desarrollado y financiado por la CIA, el departamento de estado e instituciones religiosas de Estados Unidos; que consistió en trasladar a ese país a catorce mil niños cubanos sin sus padres, con la excusa mentirosa de que el gobierno de Fidel les quitaría la patria potestad. Los niños cubanos fueron enviados a casas de adopción, orfelinatos y hasta establecimientos penitenciarios para menores delincuentes. Fue una guerra psicológica que les quitó a sus hijos a miles de padres cubanos. En mayo Fidel ante el consejo de estado de la República de Cuba dijo: “Estamos viviendo días de intensa y trascendental lucha […] Esta vez la lucha adquirió un matiz especialmente agudo. Lo motivó el secuestro de un niño. ¿Ha sido acaso el único? ¡No! Muchos niños cubanos han sido separados de uno de sus progenitores y conducidos a Estados Unidos de forma ilegal […] Sólo en los primeros dos años y medio de la Revolución, 14 000 niños fueron sustraídos clandestinamente, con la anuencia en este caso del padre, de la madre o de ambos, víctimas del engaño, al propalarse por los servicios de inteligencia de Estados Unidos y sus agentes en Cuba”. El 28 de junio finalmente Elián Gonzalez llega a Cuba, después de que Estados Unidos ordenara la restitución a su padre. Fue una victoria penosa y difícil de lograr. En ocasión del cumpleaños de Elián, el 5 de diciembre de 2003, Fidel pronunció un discurso en la escuela primaria donde el niño asistía: “Aunque nos duele, no nos desalienta, porque llevamos cuarenta y cinco años resistiendo con dignidad, con honor, con valor y firmeza inconmovibles la lucha contra el gobierno de esa superpotencia, que no ha hecho más que cosechar derrotas, derrotas y derrotas frente a Cuba.”

¡ustedes no saben el servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del Pacífico el símbolo de la globalización neoliberal!

El persistente bloqueo y las estrategias internacionales de aislamiento de Cuba encontraron por esos años un freno inesperado en los países latinoamericanos: los pueblos de Venezuela, Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Argentina comenzaban a lograr rotundas victorias electorales que llevaron a la presidencia a líderes latinoamericanistas y populares.

El Che y Néstor Kirchner con Fidel

Fidel, rejuvenecido por el impulso de los buenos aires libertarios en el continente, visitó nuestro país para presenciar la asunción presidencial de Néstor Kirchner, el 25 de mayo de 2003. Al día siguiente el comandante cubano pronunció un discurso desde las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA. Estaba previsto que diera una charla en el aula magna, pero ni bien se corrió la noticia, comenzaron a llegar miles de personas que lo querían ver y escuchar. Improvisadamente se armó un palco hacia la calle y finalmente apareció Fidel ante la multitud que coreaba: “¡Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda!” y todos oímos su voz: “Yo podría hacer una crítica —no a ustedes— a nuestros compañeros y decirles: ustedes subestimaron al pueblo argentino. Comenzaron a llegar noticias de que había llenado el salón, que había el doble de los que podían allí sentarse, y que en los laterales tampoco ya cabían, y que el pasillo se había llenado y que la escalinata se venía llenando, y decían que eran mil, que dos mil, que tres mil. En un momento dado también las emisoras de televisión hablaban y explicaban ya lo que estaba ocurriendo aquí, y, de repente, veo algunas imágenes —tenemos cierto hábito de calcular el número de personas que hay en una concentración— y esto parecía la Plaza de la Revolución en Cuba […] Buenos Aires está enviando un mensaje a aquellos que sueñan con bombardear nuestra Patria”. Por más de dos horas las miles de personas mantuvieron un dialogo intenso con el Comandante, sintiendo que presenciaban un hecho histórico y único que les daba el nexo directo con las grandes epopeyas del Che y la revolución cubana. Y aún más cuando Fidel Castro se refirió a la victoria de Kirchner sobre Menem y gritó: “¡ustedes no saben el servicio que le han prestado a América Latina; ustedes no saben el servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del Pacífico —no sé cómo se llama ahora—, que tiene más de ocho mil metros de profundidad, el símbolo de la globalización neoliberal!”.

Poco tiempo después comenzaría el proceso de sucesión del poder en manos de su hermano Raúl Castro, para lentamente retirarse con el mismo ímpetu de dignidad moral que impulsó a ese joven abogado revolucionario a decir, en su defensa por el asalto al Cuartel Moncada, ¡la Historia me absolverá!

Los que de jóvenes quisimos ser como el Che, sin ser contemporáneos de él en el tiempo, tuvimos la oportunidad de presenciar y compartir junto a Fidel ese poema repleto de hazañas maravillosas que es la revolución cubana, y que será recordada en la historia universal como uno de los hechos más gloriosos que merezcan ser contados y cantados. Por eso hasta el fin de los tiempos, toda vez que se oiga y retumbe en cada rincón de nuestra América el grito ¡Hasta la Victoria Siempre! ¡Patria o Muerte, Venceremos!, sabremos con certeza que Fidel no murió. Simplemente la muerte, ya vencida, aceptó su papel revolucionario cumpliendo las órdenes del insigne Comandante.

Sergio Carciofi (noviembre 2017)