CONTRASTES VENEZOLANOS, por Vanina González

 

Viajar a Venezuela en el punto máximo de su crisis institucional y económica resultó una experiencia movilizadora: El plan turista que te ofrece Isla Margarita contrasta con el relato de quienes padecen las consecuencias de los intentos de desestabilización al castigado gobierno de Nicolás Maduro. El resultado es una mezcla de fascinación por su gente y su tierra, y la nostalgia por una potencia latinoamericana que sufre en agonía.    

 

¿Por qué hacer un viaje de placer a un país con una economía en caída libre, con desabastecimiento de alimentos y medicinas, enfrentamientos civiles, pobreza en aumento y su pueblo sufriendo? Antes de partir tenía una única respuesta, al volver muchas: constatar la belleza del Caribe venezolano cuyas imágenes no necesitan Photoshop; los maravillosos relatos de personas que habían viajado; la posibilidad de conocer la patria de Chávez y vivenciar su recuerdo; aproximarnos lo más posible a la realidad de la crisis más allá del que muestran los medios de comunicación con sus nefastos intereses; y, por supuesto, el bajo costo del turismo en Venezuela que permite a cualquier trabajador de clase media acceder a un viaje de estas características.

PREVIA

Con la reserva hecha muchas personas comenzaron a darnos consejos de precaución y cuidados. Nos recomendaron no arribar en el aeropuerto de Caracas sino directamente en nuestro destino, Isla Margarita, ubicada al noroeste del país, en el Estado insular de Nueva Esparta. Afortunadamente así lo hicimos, y digo afortunadamente porque quienes tuvieron la mala suerte de hacer escala en Caracas sufrieron el hostigamiento de personas que se hacen pasar por Guardias Nacionales pidiendo documentación y tratando de desviar a los turistas de su próximo vuelo con fines delictivos; y una vez que pudieron zafar de ellos, padecieron el maltrato de los verdaderos Guardias y el personal del aeropuerto que se caracterizan por darle una “bienvenida” para el olvido a los recién llegados, con un comportamiento incomprensiblemente agresivo.

LLEGADOS

En nuestra legada sólo nos demoramos poco más de una hora en la cola de migraciones mientras llenábamos engorrosos formularios con preguntas sobre nuestra estadía y sus fines.

Lo cierto es que partimos de Ezeiza con 15° de temperatura y tras seis horas de vuelo arribamos a Isla Margarita con 35°. Inmediatamente el Caribe se nos pegó en la piel y el ánimo. Un colectivo nos llevó atravesando la isla hasta el hotel que consistía en un complejo enorme con cientos de habitaciones y comodidades en buenas condiciones pero con claros signos de decadencia, un lugar de cierta categoría ahora en sintonía con el contexto. La calidez de sus trabajadores, el buen día, buenas noches, y el “a la orden” con la dulzura de su acento fue lo mejor.

EN EL TERRENO

Para empezar a programar nuestras salidas consultamos a Antonio, el coordinador de la empresa de viajes, que nos informó sobre posibilidades y precios. Todas las salidas se abonaban en dólares, casi todas salían 39 dólares, unos 600 pesos argentinos que incluían los traslados, comida y bebida durante todo el día. Primero visitamos las playas de Margarita, entre ellas la bellísima El Yaque. Luego fuimos en catamarán a la Isla de Cubagua, hicimos lo mismo con la Isla de Coche y una expedición en Jeep al Parque Nacional “Laguna La Restinga”. Quedamos fascinados con la belleza natural, el agua cristalina, el turquesa del mar, la increíble fauna marina, la inmensa comunidad de pelícanos, la arena blanca… Google no puede mostrar ni la mitad de todo eso.

CONVIVENCIA

En Venezuela todas las playas son públicas y excepto en Cubagua que es una isla virgen con apenas 50 habitantes y protegida como reserva natural, en el resto de las playas los vendedores ambulantes no dejan pasar más de dos minutos literales sin acercarse a ofrecer a los turistas desde collares y pulseras hasta trajes de baño, conservas de mariscos, panqueques con dulce, langosta, esculturas en piedras, anteojos, ojotas (allá son sandalias, porque “no son para los ojos”), sombreros y más.

Los precios son muy accesibles.

En Venezuela 1 dólar, es decir 15 pesos, equivale a 3500 bolívares, y ese es el precio del kilo de azúcar. Por ejemplo un paquete de cigarrillos sale 3200 bolívares, una comida en un restaurante natural con una vista increíble al mar cuesta 7.000 bolívares. Un porrón de malta 500 bolívares.

REALIDADES

La gran mayoría de los venezolanos con los que conversamos tenían una excelente charla. Hablaban mucho y no dejaban nada sin explicar. Por eso cuando comenzamos a mostrar interés por la situación social y política los relatos fueron increíblemente enriquecedores.

Una de las primeras personas con las que hablé se dedicaba a hacer masajes en la playa asegurando que era “María Montero, la que te quita lo malo y te deja lo bueno”. Nos contó que el sueldo básico en su país es de 20 dólares y que a veces en las góndolas del súper sólo se conseguían pañales importados a 3 dólares el paquete. Dijo que era imposible vivir. Que el gobierno les vendía una caja con productos básicos a más de 10 dólares y eso era indignante. Habló de una familia de su barrio, una madre con siete hijos, que hacía una semana que se alimentaban solo con mangos, una fruta que acá es cara pero allá se la encuentra en los árboles de las calles.

SECUELAS DE LA CRISIS

Antonio, el coordinador de la agencia en el hotel, era abogado, y dos de nuestros guías eran arquitectos. Henry, quien nos llevó a visitar una fábrica de ron que databa de la colonia, era guía de turismo desde su adolescencia  y nos contó la época dorada del turismo en Venezuela. Dijo que diez años atrás arribaban viajeros de toda Europa, que los precios de todos sus servicios triplicaban el valor de los actuales, y que las propinas eran exorbitantes. Que trabajando unos años se pudo comprar una casa y un coche e incluso irse de vacaciones a EEUU, España e Italia en la temporada baja de su país. Que eso era posible gracias a un convenio donde el gobierno de Venezuela le permitía cargar combustible gratis a las aerolíneas que tuvieran vuelos directos desde allí.

La luz y las tinieblas, metáfora del contraste que ofrece Venezuela.

Por decisión de Chávez se terminó el convenio ya que su idea fue que los venezolanos comiencen a veranear en su país, lo cual funcionó durante los años prósperos de la economía. Pero con la crisis actual los turistas son principalmente de centro y Sudamérica.

DISCURSO MEDIADO

Para otro de nuestros guías “el problema del gobierno de Chávez fue que comenzó a darle a los pobres casas y a subsidiarle todo, entonces la gente dejó de trabajar y estudiar, total ya tenían todo”. Me hacían acordar directamente al argumento argentino de “este gobierno les da todo y la gente no agarra la pala” y “las mujeres se embarazan para cobrar la asignación así no tienen que trabajar”. Fueron varios los venezolanos que repetían estas reflexiones, antes escuchadas en los medios de comunicación. Y casi todos hablaban de su descontento con el gobierno de Maduro, hilvanando esto con el deseo de que haya un punto final. No todos pudieron explicar claramente las falencias de Maduro, apenas un hombre nos dijo su parecer asegurando que el problema no fue la expropiación de empresas con el fin de estatizarlas, sino el cómo y quiénes comenzaron a trabajar esas empresas, en su mayoría allegados a los militares funcionarios del gobierno. La inoperancia para continuar produciendo llevó al cierre de muchas industrias y las góndolas comenzaron a llenarse con productos importados a precios elevados. Ante eso Maduro decidió subsidiar la producción privada, con la condición de que bajaran los precios al público. Sin embargo los privados se quedan con el subsidio y no respetan el precio acordado.

También esto me hizo acordar a Argentina y la aparición del programa “Precios Cuidados” para combatir la inflación causada por la suba de precios decidida por las grandes cadenas de supermercados.

CHAVISTAS

En todo el viaje nos encontramos con sólo dos hombres que se reconocían como chavistas. Uno de ellos nos acompañó a practicar kayak en la laguna “La Restinga” y aseguró que “nada de lo que está sucediendo me quita la tranquilidad de vivir en una Venezuela sin dependencia del imperio, un país donde el imperio no mete sus narices”.

El otro fue Antonio, quien nos condujo en una travesía en Jeep, y aseguró que “Chávez era presidente, estadista, negociador, periodista, actor, orador, era de otro mundo. Maduro lo acompañó durante muchos años pero cuando le tocó asumir no estaba preparado como se creyó. Maduro no es Chávez. Eso está claro”.

GÉNERO 

Durante todas nuestras salidas los guías se empeñaban por hacernos divertir a base de ron y música, animando a las parejas a bailar. En absolutamente todos estos momentos los chistes acerca del rol de la mujer y el hombre demostraban que, al igual que acá, en Venezuela están atravesados por la cultura machista totalmente naturalizada. En una de las excursiones de buen modo pusimos un “pero” a un chiste y surgió el tema de género. Nos aseguraron que allá el gobierno puso especial interés en generar las políticas necesarias para evitar la violencia contra la mujer y que la gran mayoría de las fiscales que atienden los casos son mujeres formadas en el tema. “Si acá le levantas la voz a una mujer y ella te denuncia, espérate el castigo de la fiscal. Son durísimas”. Nosotros le hablamos del #NiUnaMenos y dejamos en claro nuestro pensamiento, así que no hubo más chistes por ese día.

NADA AISLADOS

El miércoles 19 de abril se produjeron manifestaciones en todas las ciudades de Venezuela. Nosotros estábamos viajando hacia el parque nacional y el guía nos aseguraba que “acá no pasa nada, esto es una isla, el problema está en Caracas”. Cuando hicimos una parada en un almacén para cargar hielo me bajé y pude ver la tapa de un periódico tirado en el portal de una casa. El titular principal rezaba “24 detenidos tras la manifestación en Porlamar”, la ciudad más poblada de Margarita.

Cuando llegué al hotel después de un recorrido hermoso prendí la tele y ya estaban hablando de los muertos en las protestas.

Antes un venezolano me había dicho “lamentablemente estamos muy mal. Va a tener que ocurrir algo malo para que esto se termine, va a tener que haber un muerto”.

Ese día murieron seis personas y ya van 29. Nada se terminó.

FINAL

El último día de nuestra estadía estábamos rogando que el avión se retrase y nos dejen un día más como les había ocurrido a otros argentinos. Eso no sucedió. Volvimos en la fecha pautada.

Cuando nos trasladaban al aeropuerto de “El Yaque” iba tomando fotos con mi cámara y en el lente se cruzaban los inmensos barrios de viviendas sociales con carteles que rezaban: “Por acá pasó Chávez”. La nostalgia se me hizo un nudo.

Unas cuadras más adelante otro mural decía “El velo se ha rasgado, yahemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas” con las figuras de Chávez y Bolívar como custodiándolo.

La luz y las tinieblas, metáfora del contraste que ofrece Venezuela. Quienes tuvimos la suerte de pisar aunque sea una mínima parte de su tierra volvimos movilizados por eso.

Vanina del Valle González