La marcha del 1° de abril, por Enrique Biondini

Fui a grabar la marcha reaccionaria. Vi mucho. Primera conclusión: nunca subestimar al enemigo. La negación del acontecimiento y el recurso a las humoradas eluden la cuestión. Las derechas se movilizan. Toman consistencia en las calles. Un sujeto disperso pero efectivo lucha por la hegemonía.

La movilización tiene que leerse en un sentido literalmente reaccionario: sus contornos se dibujan en el reverso de las movilizaciones del marzo caliente (piquetes, huelgas, movilizaciones masivas). Los cánticos, pancartas, gritos y demás expresiones giraban en torno a una lectura de clase muy determinada. Fue más una marcha contra las diversas expresiones de lo subalterno que una marcha a favor de Macri (prácticamente no se lo nombraba). Fue la afirmación de un sujeto moral que ve en el peronismo, el sindicalismo, el clasismo o los “zurdos” el mal encarnado, la antipatria (la cantidad de banderas y camisetas de fútbol era notable, sólo vistas en esa magnitud en los mundiales).

La movilización tiene que leerse en un sentido literalmente reaccionario: sus contornos se dibujan en el reverso de los piquetes, huelgas y movilizaciones masivas

Una serie de prácticas daban cuenta de la impugnación al mundo proletario: no se cortaban las calles −siempre había un carril libre, se respetaban los semáforos y en 9 de julio se caminaba por las veredas−; se agitaban las SUBE en señal de que se habían movilizado por sus propios medios; los símbolos patrios se contraponían a todo el mundo de las banderas de las organizaciones, las pecheras y otros dispositivos de subjetivación organizativa particular; se marchó un sábado porque en la semana hay que trabajar −y no impedir la circulación con piquetes−. En este sentido fue también un llamado al orden para el gobierno.

Ya adelantada por la agenda mediática, la estrategia será la represión directa, la persecución a los sindicatos y la estigmatización del pueblo trabajador movilizado. El devenir histórico dirá si fue una marcha aislada o el inicio de una mayor consistencia de las derechas hacia una organicidad inédita en las últimas décadas.