La misa del Indio: una celebración a la masividad

“Llévanos a la mejor estación, llévanos a donde no haya dolor. Porque allá nos tratan de dispersar, y hay más trátalo de imaginar” Corderos de la noche, Las Pelotas.

Los argentinos, aunque también otros pueblos, tenemos una larga tradición en expresarnos masivamente. En un principio se nos trató de impedir ese amontonamiento indiscriminado de personas. Si vamos muy atrás de nuestra historia, los españoles se esmeraron en nuestras pampas por organizar ciudades cuadriculadas con una parcela de medidas específicas y una plaza de mayor dimensión en el medio. Así fueron extendiéndose para ocupar esas concentraciones aborígenes que llamaron tolderías. Luego, los ejércitos patrióticos que luchaban contra el invasor maturrango intentaron disciplinar el ejército libertador formando regimientos que se les desbandaban continuamente, y ponían en riesgo el propósito libertario, hasta que debieron acudir a montoneras de gauchos comandadas por carismáticos caudillos. Al principio de la organización nacional, los gobiernos liberales lograron dispersar las aglomeraciones de gente esparciéndola por el campo, hasta que las unidades industriales y los inmigrantes comenzaron a reorganizarse en sindicatos y otra vez comenzaron las tácticas de dispersión que habían resultado muy efectivas en la campaña al desierto. Finalmente fue en vano todo intento de sofocar las manifestaciones colectivas de pueblo, cuando el subsuelo de la patria sublevada asomó a mediados del siglo XX y lo que dieron en llamar aluvión zoológico se apoderó definitivamente de las calles de la Argentina. Claro que, aunque insistieron bombardeando las plazas diseñadas por los españoles, secuestrando, torturando y asesinando, las manifestaciones masivas en las calles finalmente y para siempre se apoderaron de las plazas de los colonizadores y las transformaron en verdaderos cabildos abiertos. Así, nuestra plaza de mayo, por ejemplo, sirvió de escenario de los hechos políticos y sociales más trascendentes de nuestra historia. Desde Perón en adelante, todos los presidentes salieron al balcón a ver a su pueblo movilizado. En 1983 los cierres de campañas electorales pusieron en las calles a dos millones de argentinos. En el intento de golpe de semana santa, todas las plazas del país se colmaron de manifestantes que apoyaban la naciente democracia. En diciembre de 2001, cuando el presidente De La Rúa impuso el estado de sitio por televisión, el país entero salió a la calle y lo echó a patadas del gobierno. Por estos días, nuevamente el pueblo argentino se manifiesta multitudinariamente: docentes, trabajadores públicos y privados, organizaciones sociales, partidos políticos, etc. Y lo hace pacíficamente, sin mayores disturbios e inconvenientes.

Ya ven, los argentinos tenemos una tradición en expresarnos masivamente que adquirió una identidad que transmite valores muy arraigados. Cada grupo de manifestantes da por hecho que la solidaridad, hermandad, fraternidad calma el dolor y abre una puerta a la esperanza colectiva. Así, nos conocemos y hacemos amigos. Como los aborígenes, los gauchos en las montoneras, los inmigrantes. Los argentinos nos encontramos en la calle y nos abrazamos, besamos y nos decimos cuan alegres nos pone el encuentro. Podríamos decir que somos una gran masa de amigos.

Y esta alegría del encuentro callejero solía expresarse en los carnavales, que duraban días y días (lean El sueño de los héroes de Bioy Casares, si no me creen)  Pero, como les decía, algunos siempre insistieron en dispersarnos y entonces en la genocida dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976 prohibieron los carnavales. Pero insistimos, esta vez con el rock.

El rock nacional acaso sea una fuente de síntesis y creación continua de nuestra tradición colectiva y comunitaria. Lo que no se puede hacer, lo que está prohibido se manifiesta poética y musicalmente y se cuela y mezcla por todos lados. Alicia en el país, Yo no quiero volverme tan loco,  Los Dinosaurios, canciones de Charly García que sirven largamente de ejemplo para demostrarlo y hacer saber también que, a pesar de la represión, la voluntad de manifestación masiva de los argentinos siempre estuvo intacta. Y más allá de las bandas y rockeros, porque esta tradición los trasciende.

Tal vez por eso, los dinosaurios siguen sin entender (o peor: entienden y están decididos a dispersarnos como sea), que la masividad alcanzada por los recitales del Indio ya tiene poco que ver con  él. Más bien esa misa representa el fuego sagrado de una tradición que no admite represiones. Allí se amasa toda la fuerza de cientos de años de cultura y símbolos nativos. El referente es el INDIO, las caravanas hacia el santuario con acampes días y días son las TOLDERÍAS, el pogo más grande del mundo es el gran FOGÓN donde la MONTONERA de GAUCHOS canta y celebra sus victorias, y el escenario es la plaza que rajó del cielo de la ciudad española y volvió TIERRA ADENTRO.

No lo soñé.

Nelson Pascutto