A cuatro años de la muerte de Chávez: un coloso que vivirá y vencerá en todos los tiempos

…la muerte nunca podrá matarte porque tu nombre es Pueblo. Carta de Chávez a Cristina a un año de la muerte de Néstor.

Cuando se muere un tipo como Chávez entreverada en la conmoción de la tristeza está esa idea, que más que una idea parece un aturdimiento, de que el personaje jamás existió o que, si existió, fue hace mucho tiempo. Es similar a lo que me pasa con los próceres como San Martín, Rosas o Sarmiento y también con Evita o el Ché Guevara, que fueron personas de carne y hueso que ya habían desaparecido cuando yo nací. Sin embargo sus realidades, acciones y sentimientos que encarnaron fueron transmitidos de manera tal entre las generaciones que, aún hoy, podemos volver a vivirlos al punto de emocionarnos hasta el llanto. Me pasó una vez, en un acto en el que se conmemoraba la muerte de Evita, un 26 de julio de los años ochenta. Ese día, en la plaza Once, a los organizadores se les ocurrió poner entero el discurso del renunciamiento y fue tan vívido el momento que me puse a llorar como un nene. Luego pensé que era ridículo bajonearse por la muerte de una persona que había ocurrido hacía más de treinta años. Pero no:
hay algo en estos hombres y mujeres que tiene la capacidad de conmovernos y que nos hace extrañarlos. Es algo que acorta la distancias entre los tiempos en que cada ser humano le tocó vivir y, en consecuencia, une realidades y pasiones distantes con las actuales. Entonces, viré el punto de vista y comencé a justificar esas frases que parecen vacías pero, que en horas como estas, adquieren todo su contenido y vigor, como por ejemplo “Chávez vive en el corazón de su pueblo”, “Chávez está más vivo que nunca”, “Hombres así nunca mueren”, “Chávez vive, la lucha sigue”, como ahora, en este momento, el pueblo venezolano corea mientras acompaña su féretro por las calles de Caracas. Dicho de otra manera: la transformación radical y profunda, en procura del beneficio colectivo, de las realidades de las épocas en que les tocó vivir a estos hombres y mujeres, de las que fueron protagonistas fundamentales y necesarios, es lo que sobrevive y vive en el corazón de los pueblos. Chávez decía y repetía siempre al final de sus discursos “¡viviremos y venceremos!”. Es una síntesis perfecta de lo que quiero decir: la vida y la lucha es del hombre en su sentido total y universal, y va más allá del tiempo que a cada uno le toca vivir. Y en estos tiempos fragmentarios, posmodernos, lleno de especificidades que no conectan a nada ni nadie, donde el individualismo nos ha hecho creer que estas palabras son consignas vacías y que lo importante es llenarse de dinero y vivir el momento y que después, bueno, después qué importa del después (que es un después que ni siquiera se detiene en el pasado)… Después que se arreglen los que vienen, total no vamos a estar y nada tiene sentido. Así las palabras tampoco tienen sentido y un hombre como Chávez entonces es un charlatán que dice palabras que ya fueron y se quedaron en el pasado, que son de otras épocas y que no llevan a ningún lado. Y, ¿qué palabras dijo Chávez?, ¿por qué son tan molestas?, ¿por qué hay que olvidarlas? Dijo: colonialismo, imperialismo, capitalismo, neoliberalismo, dominación, explotación, opresión, pobreza, marginalidad, desamparo, desigualdad, liberación, revolución, transformación, distribución del ingreso, economía popular, latinoamérica unida, causa suramericana, socialismo, nacionalismo, expropiación, independencia definitiva, banderas, trabajadores, pueblo, educación, salud, democracia, compromiso irrenunciable, conspiración, traición, patria, patria grande, combatiente, corazón, alma, amigo, compañero, hermano, hermana, combatiente, grandeza humana, convicción, política, proyecto, rumbo, historia, consecuente, justicia, recuperación, memoria, dignidad, libertad, igualdad, soberanía, pasión, lucidez, sueños, inteligencia, educación, tenacidad, convicción, estrategia, reivindicación, convocatoria, ejemplo, capacidad, valores, elecciones, urnas, victoria, ideas, inspiración, gloria, honor, grandeza, abrazos, alianzas, esperanza, fuerza, vida, amor… Chávez dijo, gritó y cantó estas palabras y muchas más. Dijo muchas cosas pero hizo una: darles contenido, significación, relevancia, importancia: les dio a las palabras la posibilidad de describir la realidad de nuestro tiempo y de unirnos a otros tiempos en que esas palabras se fundaron y fueron contenido antes de pronunciarse. Y por eso Chávez convocó a todos sus contemporáneos y también a los pueblos y líderes de las generaciones pasadas –no se cansaba de repetir sus nombres–: José de San Martín, Simón Bolivar, Ernesto Ché Guevara… Fidel Castro dice que los reencarnó y no se equivoca ni un poquitito así. En definitiva, les devolvió a esas palabras, que otros prefieren vetustas y vacías, el sentido histórico que nunca perdieron y trajo con ellas a todos los pueblos y líderes del pasado para continuar un rumbo -no transitar un camino porque no hay un camino hay rumbo-, que es el rumbo de la patria grande latinoamericana, que ya no es una consigna sino una realidad efectiva que debemos a este venezolano colosal.

Y ahora que las aguas bajan feroces y la angustia nos ciega el entendimiento de tanta tristeza, dolor y bronca por esa muerte adelantada, nos aqueja la confusa sensación de que lo hemos perdido todo. Sin embargo, cuando la Historia, lentamente, haga su trabajo y otros hombres ocupen el lugar del comandante Chávez y convoquen su nombre, los futuros pueblos sabrán que él y sus contemporáneos dieron un paso gigante y lo conocerán y valorarán como ahora valoramos a San Martín, Bolivar, Martí, Evita, Guevara o Allende y tantos otros y se conmoverán y lo extrañarán igual que nosotros, como si el tiempo no hubiese pasado.

Sergio Carciofi (7/3/2013)