La eliminación de los feriados: historia de una obstinación unitaria y neoliberal

Foto: Gral. José María Paz y presidente Mauricio Macri

Si tuviéramos que buscar los antecedentes del actual relato neoliberal en la historia argentina, sin mucho esfuerzo los encontraríamos en las expresiones ideológicas y discursivas del partido unitario.

La guerra civil que enfrentó a unitarios y federales estalló al mismo tiempo que la guerra con Brasil. O más bien, mientras estallaba la guerra con Brasil, en la Argentina se trataba de imponer una constitución unitaria, “centralista, extranjerizante y oligárquica” (Rosa, José M. Historia Argentina) que prohibía el voto de las grandes mayorías: peones, analfabetos, soldados de línea. Dorrego se opuso diciendo: “he aquí la aristocracia, la más terrible, porque es la aristocracia del dinero…”, es decir la que pactaba con las potencias extranjeras entregando el manejo de los recursos económicos. Pero la decisión de los unitarios de imponer a toda costa una constitución que excluyera del voto a la mayoría de los pueblos de las provincias, tuvo por objetivo evitar que los caudillos como Ibarra, Bustos y Quiroga sean proclamados y legitimados institucionalmente también por ese mecanismo. No es casual que una de las primeras medidas que Mauricio Macri impulsó al asumir su presidencia haya sido el “voto electrónico”, una versión sofisticada de los fraudes electorales, de los cuales el partido unitario se sirvió para imponerse, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo XIX. Es un viejo debate que por aquellos tiempos se dirimió por las armas. El caudillo cordobés Juan Bautista Bustos no se dejó convencer y escribió a su par santiagueño Juan Felipe Ibarra: “si antes sospechaba algo, ahora sospecho más por la iniquidad y descaro de estos hombres sin vergüenza que quieren poner a las provincias peor yugo que el que antes tenían (cuando nos gobernaba la corona española), o quieren desorganizar el país para que un ambicioso extranjero se eche sobre él”.

Estaba clarísima la cosa, en sus memorias el general unitario José María Paz puso blanco sobre negro (mejor dicho, unitario sobre federal) este enfrentamiento: “la parte pensadora, ilustrada y sensata , era afecta [al partido unitario]”, mientras que el partido federal representaba “la obstinación de un populacho encaprichado y decidido contra sus mismos intereses y los de la libertad e igualdad legal, que proclamaban sin entenderla, al mismo tiempo que hacían retroceder nuestra patria en tan noble carrera”.

El general unitario recibió el beneplácito del ministro Pedro Ignacio de Castro Barros que coincidió con él en eso de que “los días festivos perjudican a la industria y favorece la holgazanería y los vicios”

Esa noble carrera no era otra cosa que la imposición de intereses de una clase adinerada y paternalista, aunque también reflexiva que comprendía perfectamente que su proyecto era impopular. El general Paz reconoció en sus memorias que “las ideas de federación que se confundían con las de la independencia de las provincias eran proclamadas por Artigas y sus tenientes, y hallaban eco hasta en los más recónditos rincones de la república, [este] era el espíritu de democracia que se agitaba en todas partes […] no podrá negarse que era la masa de la población la reclamaba el cambio […]: era una convicción errónea, si se quiere, pero profunda y arraigada”.

Este es el escenario en que los unitarios desplegaron todas sus políticas. Siempre contra los intereses populares, se empeñaron en imponer sus principios paternalistas y su aristocrático interés por el dinero, por medio de grandes matanzas que les valió el mote de “salvajes unitarios”, hasta llegar a genocidios como en la campaña del desierto o el plan sistemático de desapariciones de la dictadura iniciada en 1976; al mismo tiempo que jamás se resignaron a someter al pueblo a un cambio cultural a la medida de sus propios intereses, no los del pueblo sino de un sistema que garantizara el sometimiento y la amplia libertad de la clase unitaria para progresar económicamente y usufructuar el poder con exclusividad.

Podemos mencionar muchas de las medidas “sensatas” que aún los unitarios de antes y los neoliberales de ahora insisten en imponer, pero hay una que por estos días volvió a generar un revuelo con olor a viejas rencillas: la eliminación de los días feriados.

El gobierno de Mauricio Macri eliminó los feriados puentes mediante decreto 57/2017, porque consideró que “generó dificultades para el cumplimiento de los días dispuestos para el Ciclo Lectivo y afectó la competitividad del sector productivo”. Traducido: para el neoliberalismo los feriados son excesivos y los trabajadores no pueden tomarse tantas vacaciones porque se resiente el sistema productivo. Dicen que hay que fomentar el trabajo y no la vagancia.

Entre abril de 1829 y mayo de 1831 el general unitario José María Paz gobernó la provincia de Córdoba, y decidió tomar algunas medidas que pusieran orden al sistema productivo de la provincia. Básicamente poner a trabajar a los peones rurales (sus enemigos y fervientes partidarios de Bustos y la causa federal) para abastecer a la ciudad y a su ejército unitario. Pero nos cuenta Paz que “la multitud de días festivos, que en Córdoba son guardados religiosamente, era un verdadero embarazo que el gobierno deseaba por lo menos disminuir”. Entonces llevó adelante la supresión de feriados apelando a la buena voluntad de las autoridades eclesiásticas con el argumento de que a “la clase productora de la provincia […] se dispensen algunos días festivos, para que las gentes de campo puedan emplearlos en sus cosechas y labranzas”. El general unitario recibió el beneplácito del ministro Pedro Ignacio de Castro Barros que coincidió con él en eso de que “los días festivos perjudican a la industria y favorece la holgazanería y los vicios”. Así fue que los unitarios comenzaron a suprimir los feriados, con los mismos argumentos que los ahora renombrados neoliberales intentan eliminar los feriados nacionales.

Algunos dicen que la historia no sirve para nada, pero qué útil sería repasarla de vez en cuando para, al menos, saber a la hora de votar (ya que podemos hacerlo aún con cierta autonomía de la voluntad) que los mismos de siempre siguen haciendo lo mismo y defendiendo los mismos intereses de siempre, y que poco hemos logrado cambiar desde entonces y que, por sobre todas las cosas, los unitarios de ayer son los neoliberales de hoy y que Mauricio es Macri.

Sergio Carciofi