“Somos del grupo los Salieris de Alvear y le robamos perdones a él, ah, ah, ah”, por Sergio Carciofi

Nuevos grupos políticos se van reciclando en nuestra historia y siempre con el mismo entusiasmo y “entrega”. Justamente, en el año del bicentenario de nuestra independencia, la vocación por el cambio nos presenta a nuevos y jóvenes gobernantes que nos proponen desempolvar del Museo de Grandes Novedades algunas viejas costumbres: pedirle perdón al Rey.´
Por estos tiempos el presidente Mauricio Macri se ocupó de los preparativos y decidió celebrar la Independencia de la Patria con la asistencia del Rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón.
¿Cuáles son las razones de tan contradictoria decisión?
Para encontrarlas debemos, por supuesto, interpretar el gesto del Presidente para con el Rey: en principio diremos que se trata de un desagravio, similar al que Julio Argentino Roca hizo al abreviar el Himno Nacional Argentino en su segunda presidencia, para que las estrofas combativas no ofendieran a España. Pero si vamos a los hechos que fundan la gestualidad neoliberal, estamos compelidos a admitir una moral que echó raíces en aquellas costumbres que llevaron, por ejemplo, al Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de La Plata, Carlos María de Alvear, a pedir perdón, primero al Rey Jorge III del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y luego al Rey Fernando VII de España.
Luego de la Revolución de Mayo y de la Asamblea del año XIII, la lucha por la independencia de España estaba muy comprometida. En enero de 1815 llegan noticias de que el Rey Fernando VII había enviado una expedición de 12.000 hombres en sesenta navíos, para auxiliar y recuperar Montevideo y avanzar contra Buenos Aires.
El Director Supremo Alvear, alarmado por la situación, antes de apoyar al ejército de Artigas decide abandonar Montevideo y hacer un gesto hacia el Rey Jorge III por intermedio del envío de una carta que expresaba “Todos juran en público y en secreto morir ante que sujetarse a la metrópoli [española] En estas circunstancias […] estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud para liberarlas de los males que la afligen”
El Rey Jorge III, con buen tino, por intermedio de su representante en Brasil, Lord Strangford, le contesta que lo mejor es que se reconcilie con Fernando VII, pues él se llevaba muy bien con su colega y tenía excelentes planes comerciales que podrían, también, beneficiarlo a él y su gobierno.
Los vientos que soplaban las velas de la armada española finalmente llevaron a estos sesenta navíos hacia Venezuela, y ya no fue necesario para Alvear “vivir bajo el influjo poderoso” de los ingleses, y decidió entonces concentrarse una vez más en luchar por la independencia argentina. Pero Artigas, el Ejército Libertador, San Martín y el pueblo de Buenos Aires, con justificada desconfianza, amablemente le pidieron “despréndase V. E. del mando y deje al inmortal pueblo de Buenos Aires elegir libremente su gobierno” (Intimación del Ejército Libertador) Alvear, sorprendido, se niega rotundamente, pero al notar que los muchachos hablaban en serio y que su pescuezo corría serio riesgo de ser separado de su uniforme, decidió usar otra vez su arma predilecta: pedirle perdón al Rey. Pero esta vez al Rey Fernando VII: “soy un español que ha nacido con honor, [que ha querido] aventurarse a un paso decisivo que pusiese término a esta maldita revolución [por la independencia argentina], pero había quienes, apoyados por la conducta de don José Artigas, no querían que el país volviese a su antigua tranquilidad. Por eso yo con mi familia, considerándome como un vasallo, nos presentamos voluntariamente ante Su Majestad [Fernando VII] y permanecemos bajo su protección”.
El Rey Fenando VII nunca contestó y no sabemos si Alvear siguió pidiendo perdones por las demás cortes europeas. Pero eso ya no importa, porque don Carlos María estaría muy orgulloso de saber que su tradición se mantiene indemne en la conducta del actual ministro de hacienda, Alfonso de Prat-Gay, que hace unos días viajó a España y pidió perdón como corresponde a su estirpe: “Quiero pedir disculpas por los últimos años. Sé de los abusos que han sufrido los capitales españoles y les agradezco la paciencia” (Ver La Nación del 30/5/2016).
Por suerte, y a pesar de todo, hubo otros gestos y otras conductas que hicieron que seamos independientes. Y si ahora podemos festejar 200 años de aquella epopeya, se lo debemos a hombres como don José Gervasio Artigas. A quien, para envidia de Alvear, el mismísimo Rey Fernando VII por intermedio del comandante de sus ejércitos en América, le propuso a él y sus oficiales luchar por España a cambio de “premios a que se han hecho acreedores”. Pero elProtector de los Pueblos Libres sin vueltas lo mandó a mudar: “Yo no defiendo a su Rey. Sepa que yo no soy vendible ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi Nación del poderío español”.
Así como se reciclan viejos perdones alvearistas después de 200 años, es bueno saber que entre nosotros también existen aún muchos protectores de los pueblos libres como Artigas.

Sergio Carciofi