¿Es inevitable el neoliberalismo en el mundo? Por Michael Meurer

Michael Meurer confronta con esa idea que pregona que “no hay alternativa al neoliberalismo”, y afirma que los hechos recientes que pondrían en jaque esa idea, como el Brexit, no solo no son determinantes sino que “no necesitamos a Trump o al Brexit para rechazar el credo de la inevitabilidad del mercado neoliberal”

Luego del voto del 23 de junio por el Brexit, los medios globales se cubrieron de titulares que declaraban la decisión como el último signo de un rechazo histórico a la “globalización” de los trabajadores a ambos lados del Atlántico.

Aunque hay un elemento cierto en este análisis, pasa por alto las tendencias históricas más profundas que actúan por debajo de los titulares dramáticos. Si nuestros políticos parecen desorientados en este momento, la culpa no es sólo de la globalización sino de la filosofía TINA (No Hay Alternativa) a la inevitabilidad neoliberal del mercado que la ha impulsado durante casi cuatro décadas.

La primera ministra británica Margaret Thatcher introdujo el acrónimo TINA en un discurso de 1980 con la proclama No Hay Alternativa (There Is No Alternative) al orden capitalista global neoliberal. La visión de Thatcher para este nuevo orden estaba sustentada en la filosofía económica del “Dios mercado” que destiló del trabajo de economistas de la Escuela Austríaca como Friedrich Hayek y su propia visión del mundo fundamentalista y cristiana.

La vida política de Occidente hoy por hoy ha evolucionado en una serie de reacciones incipientes y cada vez más desesperadas contra esa sensación de trampa histórica fatal, originalmente impresa en el credo de inevitabilidad capitalista del TINA de Thatcher. Si este trasfondo histórico es ignorado, la revuelta popular no va a producir la tan necesitada reforma democrática. En su lugar, será explotada por demagogos nacionalistas y fascistas y convertida en una búsqueda peligrosa de chivos expiatorios políticos.

La rebelión contra la inevitabilidad

La formulación de Thatcher de la inevitabilidad neoliberal se manifestó de facto en un cocktail de políticas que incluían la privatización, cortes a los sectores públicos, desregulación financiera, rebaja de impuestos a los ricos, globalización de los flujos de capital y militarización que fueron la marca distintiva de su administración y un patrón a seguir en el futuro por las economías desarrolladas del mundo.

Después del colapso de 1991 de la Unión Soviética, cuyo socialismo de Estado coercitivo representaba la última alternativa poderosa al capitalismo, la filosofía subyacente de la inevitabilidad económica que nutrió al TINA parecía un vaticinio profético de diseño cósmico, con los neoconservadores atolondrados declarando “el fin de la historia” y el triunfo del supuesto capitalismo democrático sobre las demás alternativas históricas.

Casi cuatro décadas después, con el neoliberalismo habiendo barrido el planeta en son de triunfo, con una mezcla de innovación tecnológica, una ingeniería de explotación financiera y fuerza bruta, eclipsando los tenues apoyos democráticos en el proceso, el caído en desgracia David Cameron mantuvo su devoción al TINA hasta el momento mismo del Brexit. En un discurso del 2013, mientras su gobierno se preparaba para anunciar un recorte del 40 % en gastos sociales, una austeridad continuada, privatización extendida y acciones bélicas en Asia Central, se lamentó: “Si hubiera algún otro camino, lo tomaría. Pero no hay alternativa”. Aunque quizá quieran un cambio de maquillaje o de ropas, todo jefe de Estado del G7 le hace caso a la llamada seductora de la inevitabilidad del mercado.

Como sujetos de prueba de la marcha inexorable y alimentada por los medios de este modelo global ubicuo, diversos grupos en todo el mundo se han convertido en las caras involuntarias de la revuelta contra la inevitabilidad. En el anonimato detrás de las augustas fachadas de las instituciones financieras globales, el capitalismo neoliberal escudado en el TINA produjo rabia política, confusión, pánico y una búsqueda mundial de chivos expiatorios y alternativas en el espectro político.

Los miembros del Estado Islámico han rechazado los ideales más altos del Islam en su búsqueda de una alternativa. Los activistas medioambientales intentan contrarrestar la narrativa del “fin de la historia” que está en el corazón del TINA con la inevitabilidad científica de la catástrofe ecológica por el cambio climático inducido. Donald Trump ofrece un chivo expiatorio extranjero o de otras razas para cada padecimiento creado por el TINA, al igual que los partidos de extrema derecha que surgen en Europa, mientras Bernie Sanders se enfoca en los billonarios y Wall Street. Movimientos de izquierda como Podemos en España o Syriza en Grecia también encarnan las tentativas de declararse contra la narrativa de la inevitabilidad, así como los votos enojados del Brexit en Inglaterra y Gales.

Sin juzgar o querer equiparar el valor de estas expresiones variadas de resistencia, excepto para denunciar el comportamiento homicida de ISIS y cualquier otra llamada a la violencia o el racismo, es claro que cada una ofrece una aparente alternativa a la inevitabilidad sofocante del TINA, y cada una atrae a su propia audiencia enojada.

“Jihad” vs. “McWorld” y la Nueva Teología del Capital

El ensayo de Benjamin Barber de 1992 y el libro subsiguiente, Jihad vs. McWorld, es una mejor guía para la política actual de rabia que los medios de noticias. Barber describe un choque histórico post-Soviet entre las políticas de identidad del tribalismo (“Jihad”) y la forzada integración cultural y financiera del globalismo corporativo (“McWorld”).

McWorld es el orden trasnacional omnipresente y financieramente integrado del capitalismo conectado, que se consagró a sí mismo como el guardián histórico de la civilización occidental. Es viciosamente antidemocrático en su búsqueda de ganancias ilimitadas y violentamente correctivo en respuesta a cualquier indicio de apostasía económica (ver Grecia, por ejemplo). Este nuevo orden económico ofrece una ilusión de modernidad con su infraestructura globalmente conectada y su corriente inagotable de espectáculos consumistas, pero por debajo del brillo de alta tecnología está espiritualmente vacío, se basa en la guerra permanente, la pobreza global y está destruyendo la biósfera.

McWorld forma su camino destructivo bajo una presunción auto-promocionada de inevitabilidad histórica, porque luego de más de cuatro décadas de narrativa del TINA, la lógica subyacente de la predestinación del mercado ya no es más económica. Es teológica. La histórica transformación de la ideología económica basada en el mercado en una teología apuntala la visión instrumentalizada de la naturaleza humana y la naturaleza misma.

Descripciones como “fundamentalismo del libre mercado” y “ortodoxia del mercado” no son simplemente figuras retóricas. Apuntan a una metamorfosis religiosa y profunda del capitalismo potenciada por la tecnología, que necesita ser entendida antes de que pueda generarse una respuesta política con sentido. Uno no necesita ser cristiano ni católico para apreciar las advertencias del papa Francisco contra el peligro que representa para los valores cristianos el “mercado deificado” con su “globalización de la indiferencia”. El papa está reconociendo explícitamente una nueva teología del capital cuyo núcleo de valores corre en dirección contraria tanto del humanismo religioso como del clásico.

Bajo la metafísica radicalmente alterada del capitalismo teologizado, los resultados del mercado son sagrados e inevitables. Por el contrario, la humanidad y el mundo natural han sido desacralizados y definidos como formas maleables de capital prescindible y teóricamente inagotable. Incluso los ecosistemas vitales y la subjetividad humana individual están sumidas bajo un sello de mercado proclamado como predestinado históricamente.

Esta es una diferencia crucial entre el capitalismo de hoy y el capitalismo de hace incluso 50 años, que no es solo teológica sino apocalíptica en su negativa a reconocer límites. Ha producido un orden global económico y social que es progresivamente feudal, al mismo tiempo que conectado por la tecnología digital.

El historiador económico Karl Polanyi advirtió en 1944 que la falsa creencia utópica en la habilidad de los mercados libres para producir resultados naturalmente balanceados, produciría en su lugar una distópica “utopía austera”. El caos político de hoy representa una erupción de resistencia descoordinada y espontánea contra esta sensación invasora de “distopianismo” inevitable. Como Barber hizo notar, a lo que se refiere con “Jihad” no es estrictamente un fenómeno islámico. Es el localismo, tribalismo, particularismo o a veces republicanismo clásico tomando una posición, a menudo violentamente, actuando de hecho como anticuerpos sociales y políticos contra el contagio viral de McWorld.

Optimismo pesimista

La marcha del capitalismo neoliberal teologizado, históricamente decretada, depende para su continuación en la creencia de los individuos de que son impotentes contra las fuerzas supuestamente inevitables de la globalización impulsada por el mercado. Es muy temprano para saber si estos estallidos tan distintos de resistencia exhibidos en el 2016 van a conducir -en parte porque están descoordinados, son a menudo contradictorios o profundamente antidemocráticos- o están generando un torbellino de confusión sobre las causas de fondo.

Una lección parece sin embargo clara. El “poder de los impotentes” se ha despertado globalmente. Si este despertar iniciará un movimiento hacia un autogobierno democrático, igualitario y ecológicamente sustentable es una pregunta abierta. Muchos de los principales teóricos políticos advierten hoy contra la anticuada creencia de la Ilustración en el progreso y elogian las virtudes del pesimismo filosófico como contención contra el optimismo sin fundamento histórico. En la excitación febril y populista de hoy, disparada por el fracaso de la fe en la inevitabilidad del mercado, una advertencia de este tipo parece un sensato consejo político.

Publicado en Truthout. Reproducido y traducido al español por Montevideo Portal

Autorizado por el autor y Truthout para su publicación en ¿Alguien tiene algo que decir?

Michael Meurer es presidente de Meurer Group & Associates, una consultora política ubicada en Colorado, California. Fue asesor del Partido Demócrata en ese estado y cofundador de Courage Campaign, una organización con más de 750.000 miembros que aboga por leyes más progresistas en su país. Sus análisis sociales y políticos han sido publicados por gran cantidad de medios, incluidos Alternet, Truthout y el Santa Monica Mirror.